El miedo: células durmientes, lobos solitarios y franquicias
Tras la derrota final del califato en Baghouz, el grupo yihadista Estado Islámico (EI) regresa a la clandestinidad en la que nació y permaneció hasta junio de 2014 cuando decidió romper con Al Qaeda y reivindicar un territorio.
Según estimaciones de la inteligencia estadounidense el grupo podría contar con «entre 15.000 y 20.000 hombres activos en la región, muchos de ellos miembros de células durmientes que pueden entrar en acción en cualquier momento», según revelaron a la cadena BBC. El califa, Abu Baker Al Bagdadi, hace honor a su sobrenombre de «invisible» y está en paradero desconocido. Washington ha puesto un precio de 25 millones de dólares por la cabeza de un líder que no da señales de vida desde agosto, cuando el EI difundió un mensaje con su voz de casi una hora en el que restaba importancia a las derrotas militares del califato y aplaudía a los ‘lobos solitarios’ que inspirados por su ejemplo han golpeado en Europa y Norteamérica con cuchillos, pistolas, bombas o coches. Esta especie de «legión extranjera» de lobos solitarios es uno de los frutos más importantes que ha cosechado el EI gracias a la magnífica operación de propaganda que ha supuesto su califato entre la minoría más radical del Islam. A esto hay que sumar la medalla que se cuelgan sus seguidores porque sienten que solo han podido ser derrotados tras la intervención directa en Siria e Irak de las mayores potencias militares del mundo como son Rusia e Irán.
El otro gran legado en el exterior son las «provincias» que han conseguido crear en países como Egipto, Afganistán, Nigeria o Filipinas a través de grupos radicales que han jurado lealtad al califa. La pérdida de Baghouz no ha provocado, de momento, que ninguno de ellos se desvíe del camino...