«Aquí puede pasar cualquier cosa; que Putin pare la guerra»
«La situación aquí empieza a caldearse. Las exigencias de los guerrilleros adquieren carácter de ultimátum. Vosotros, los medios de comunicación, haced algo para que Putin pare la guerra o moriremos todos», dijo ayer jueves desesperada a través de su teléfono móvil María Shkólnikova, una de las rehenes cautivas en el interior del teatro moscovita asaltado el miércoles por un comando suicida checheno. Shkólnikova, responsable del departamento de Cardiología Infantil del Ministerio de Sanidad, llamó por teléfono a la emisora Eco de Moscú y su conversación fue puesta en antena. La doctora mantuvo comunicación casi permanente durante todo el día con la radio moscovita y con la agencia Interfax. Ella fue una de las pocas personas a las que los terroristas permitieron cargar la pila de su móvil y fue utilizada prácticamente como portavoz. «Están decididos a todo, aseguran que han venido a Moscú para morir», afirmó Shkólnikova en tono patético. Según la cardióloga, que tuvo la mala suerte de recibir como regalo la entrada con la que el miércoles fue al fatídico teatro, dijo que «es fundamental poner fin a la guerra por que las nuevas generaciones de chechenos sólo piensan en combatir y es hora ya de vivir en condiciones normales», explicó Shkólnikova. María fue más tarde enviada al exterior del edificio para leer un comunicado redactado por los rehenes y dirigido al presidente de Rusia. «Pedimos que Putin pare la guerra en Chechenia, aquí puede pasar cualquier cosa», decía en la carta. Describiendo la situación en el interior de la sala, la doctora dijo que entre los secuestrados aún hay niños y muchos adultos enfermos. El agotamiento y la tensión nerviosa eran patentes después de 12 horas confinados en el patio de butacas del teatro. Al parecer, la mayoría de los asistentes al espectáculo eran estudiantes y parejas con niños pequeños. Muchos pertenecientes a familias de nivel medio, pero también de clases relativamente humildes.