Chávez, dispuesto a perdonar a los militares rebeldes
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, tendió ayer una mano a los militares insurrectos al aceptar que la concesión de una amnistía sea uno de los asuntos que trataría una eventual mesa de negociación entre el Gobierno y la oposición. Chávez respondió con un claro «por supuesto» a la pregunta de si estaría dispuesto a conceder el perdón a los militares que desde hace ocho días se mantienen en «desobediencia civil» en una plaza de Caracas, respaldados por una multitud de simpatizantes opositores. «No tenemos ninguna intención de que se hundan en prisión este grupo de militares, desde generales de división hasta soldados de tropa», añadió el presidente venezolano durante una rueda de prensa con los corresponsales extranjeros en el Palacio de Miraflores, en el centro de Caracas. Los militares vinculados a los oficiales que se declararon en rebeldía contra el Gobierno venezolano pidieron ayer a los compañeros de armas que simpatizan con su causa que no la apoyen públicamente y permanezcan «infiltrados» en la milicia. El general Luis Camacho señaló a los periodistas que los militares que comparten la protesta de los oficiales en rebeldía deberían permanecer en sus puestos, sin trasladarse a la plaza Altamira de Caracas a expresar su rechazo al presidente venezolano, Hugo Chávez. Hasta ahora unos 100 oficiales y suboficiales se han solidarizado con los catorce generales y almirantes insubordinados hace nueve días, que exigen la salida de Chávez del poder. La gran mayoría de ellos están relegados a puestos secundarios, sin mando sobre tropas, o tienen abiertos procesos disciplinarios por su participación los actos del golpe de Estado del pasado 11 de abril. La Organización de Estados Americanos (OEA) reprobó la acción de esos militares, a los que acusó de violar el orden constitucional, mientras que el Gobierno los calificó de «golpistas». El general en retiro Manuel Rosendo, dado de baja a mediados de octubre, dijo que conviene que quienes simpatizan con los oficiales insubordinados permanezcan en los cuarteles «para que en un momento determinado no acaten las órdenes que reciban». La posición de estos generales es vista en sectores oficialistas como un reconocimiento encubierto de que el filón de oficiales disidentes está prácticamente agotado. Como prueba de ello advierten que no han podido aprovechar la visita al país del secretario general de la OEA, César Gaviria, para impulsar su causa con el pronunciamiento de mandos relevantes contra el Gobierno.