Un pueblo marcado por la angustia y la desesperación
Para María Rizzo, vecina de mediana de edad de San Giuliano di Puglia, no había este viernes forma humana de expresar el dolor, nada más que quedarse sentada con el rostro desencajado en una silla de playa. Es una mujer que ha perdido sus dos gemelos en la escuela. A media mañana, junto a dos señoras y una abuela, rodeada de colillas de tabaco y pétalos de rosa dispersos por el suelo, mira entre dos edificios a los escombros en los que se encaraman los bomberos. Está aquí sentada desde el jueves por la noche y hace horas que permanece en silencio. No hay nada que decir cuando un pueblo pierde en 40 segundos casi una generación de niños. En una de las clases, primero de elemental, con nueve pequeños de seis años, han fallecido todos. El dolor es tan vasto, tan profundo y tan paralizador que el pueblo está suspendido en un momento increíble e interminable. La gente no hace nada, sólo sufre. El pabellón deportivo es un lugar que es difícil de aceptar como real. Cada familia, hombres, mujeres, niños, se reúne en silencio en torno a su ataúd blanco.