OPINIÓN Pedro Villalar
Inquietante ampliación
Hoy y mañana, en la cumbre de Copenhague, se decide el futuro de Europa. Los Quince oficializarán el ingreso de los diez primeros candidatos a la adhesión. Con un retraso de más de cuatro décadas, trece años después de la caída del Muro de Berlín, el secular anhelo europeísta estará a punto de consumarse. Lo hará en gran medida en mayo del 2004. Pero no sin que queden prendidas de los cielos varias inquietantes preguntas: ¿Podrán estos países, cuyo PIB padece un retraso del 44% con respecto a la media comunitaria, alcanzar los promedios europeos sólo con la cicatera ayuda que los actuales socios están dispuestos a prestar? ¿Se producirán deslocalizaciones empresariales que perturben el sistema económico de los países menos desarrollados de la actual UE? ¿Habrá que dar por enterrada la Política Agraria Común? ¿Será capaz la actual Unión de asimilar este salto cualitativo sin descomponerse, sin perder sus horizontes federales, sin resignarse a ser exclusivamente un espacio de libre comercio? ¿No tendremos que acabar dando, en fin, la razón al Herald Tribune, que el pasado 9 de diciembre aventuraba la tesis de que el verdadero beneficiario, el vencedor indiscutible, de la ampliación en puertas será... Washington?