Diario de León

Truss sacrifica a su ministro de Economía para intentar salvarse

La primera ministra, en peligro al perder el pulso con el Banco de Inglaterra por sus planes fiscales

Truss responde a las preguntas de los periodistas tras anunciar, ayer, que cesó a su ministro. CARLOS JASSO

Truss responde a las preguntas de los periodistas tras anunciar, ayer, que cesó a su ministro. CARLOS JASSO

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La primera ministra británica, Liz Truss, se encuentra en una posición muy frágil tras ceder de nuevo ante la reacción negativa a su plan estelar de reducción de impuestos. La nueva líder conservadora despidió ayer a su ministro de Hacienda (Economía), Kwasi Kwarteng, que presentó el paquete fiscal que causó la crisis financiera. Su puesto ha sido ocupado por Jeremy Hunt, un experimentado político de los ‘tories’.

Truss confirmó en una breve declaración que mantendrá el aumento del gravamen sobre los beneficios de las empresas —de 19% a 25%— que introdujo Rishi Sunak, su rival para sustituir a Boris Johnson. La eliminación de esa tasa fue uno de los puntos esenciales de la campaña de Truss, que ganó el favor de la mayoría de los miembros del partido hace cuarenta días. La ‘premier’ ha sido forzada a postergar su estrategia de «bajos impuestos, alto crecimiento y altos salarios». Ha sacrificado a un amigo y vecino con el que comparte las ideas que inspiran el plan fiscal que elaboraron juntos. Ficha ahora para el Tesoro a Hunt, un ‘tory’ de una nación —partidarios del consenso social— que renunció a sustituir a Johnson al contar con poco apoyo en el grupo parlamentario. Truss y Kwarteng insistieron en los últimos días en que no modificarían el plan.

El ministro cedió una micra, adelantando al final de octubre la presentación de un presupuesto de ingresos y gastos que aclarase su objetivo de reducir la deuda pública en el medio plazo. Era su afán de tranquilizar a fondos que detectaron réditos en apostar por el descenso de los activos en un país que reduce impuestos por unos 50.000 millones, financiándolos por el préstamo.

Las circunstancias creadas por los mercados de capitales tras la presentación del minipresupuesto de Kwarteng eran particularmente delicadas para el Banco de Inglaterra. Se proponía iniciar la venta de activos adquiridos durante los años de expansión monetaria, cuando tuvo que ponerse a comprar bonos para evitar una espiral que pusiese en peligro la solvencia de fondos de pensiones. La libra cayó a una paridad históricamente baja con el dólar y los bancos retiraron ofertas de hipotecas y aumentaron el interés de las nuevas. La intervención del banco central hace dos semanas apaciguó a los fondos, pero llegó con plazo. La utilización de 75.000 millones de euros en el programa de compra de bonos no se extendería más allá de ayer.

La lección principal de esta crisis es, quizá, que el Reino Unido del ‘brexit’ puede ser tratado por los fondos de inversión como un país menor. Ése es el telón de fondo y la tragicomedia es el nuevo descenso del Partido Conservador en un guirigay. Importantes cargos de la formación estarían conspirando para promover a primeros ministros alternativos.

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