Diario de León

Trump erosiona al Partido Republicano

La imputación sitúa a los conservadores en el dilema de desafiarle o sacrificar un posible triunfo electoral

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De todas las preguntas que los moderadores del primer debate electoral plantearon el miércoles a lo largo de dos horas a los ocho aspirantes presidenciales del Partido Republicano una encerraba la clave de su futuro: «Si Donald Trump fuera condenado en un tribunal, ¿seguirían apoyándole como candidato de su partido?». Seis de los ocho levantaron la mano.

Donald Trump, ‘el elefante ausente’ esa noche, saca cuarenta puntos a su rival más cercano, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, por lo que es lógico suponer que se alzará con la nominación del partido que tomó por asalto en 2016. Entonces parecía una anécdota. Durante la convención de Cleveland (Ohio) en la que se le coronó candidato, el entonces portavoz del Congreso Paul Ryan tranquilizó en privado a los embajadores, políticos extranjeros y empresarios asegurando que las amenazas y bravuconerías eran frases de campaña. Cuando ganase las elecciones ya no serían necesarias. Y si no, serían los republicanos y el Congreso los que lo metiesen en cintura, porque sin ellos «no podría hacer nada». Dos años después Ryan dejó el cargo y se retiró de la política. El hombre que pensaba que podría controlar a Trump se vio devorado por él.

En la versión apocalíptica de Trump Estados Unidos es como ‘Blade Runner’, con hordas de invasores que cruzan la frontera para matar a sus habitantes y ciudades distópicas (y demócratas) en las que la violencia y el vandalismo están fuera de control. En ese contexto, el expresidente es un héroe cyberpunk de película, el único capaz de restaurar la ley y el orden. De ahí que su mayor preocupación con la foto policial que le tomaron el jueves en una cárcel de Atlanta fuera ensayar bien el gesto de duro que le permita usarla en su campaña.

No sólo se da la insólita situación de que los estadounidenses puedan votar en noviembre de 2024 a un candidato convicto que intenta derrocar la democracia, sino que la mayoría de sus rivales no se atreven a atacarle por ello. «Alguien tiene que dejar de normalizar esta conducta», pidió el exgobernador de New Jersey Chris Christie, que fue abucheado por ello.

Lo que se juega en estas primarias es la oportunidad de reivindicar los valores conservadores y neoliberales que el partido ha llevado a gala a lo largo de su historia.

Son pocos los que se atreven a enfrentarse abiertamente con el expresidente, que destroza sin piedad a sus críticos. Trump pretende evadir la cárcel y volver a la Casa Blanca, aunque deje atrás en llamas al Partido Republicano, la democracia estadounidense y la fe de medio país en el sistema de gobierno. Más que Napoleón en su batalla final, Trump pretende ser un Nerón que ejecute a sus rivales como chivos expiatorios y gobierne sobre tierra quemada. ¿Quién levanta la mano ahora?

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