Diario de León

Los extremos se alían y derrocan a Michel Barnier en la moción de censura

Es el primer jefe de gobierno censurado desde Pompidou

El primer ministro francés Michel Barnier durante la reunión de la Asamblea.

El primer ministro francés Michel Barnier durante la reunión de la Asamblea.

Publicado por
Enric Bonet
París

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La Asamblea Nacional forzó este miércoles por la tarde la dimisión del Ejecutivo francés por primera vez desde 1962. El conservador Michel Barnier se ha convertido en el primer ministro con el mandato más breve, menos de tres meses, en la historia de la Quinta República. 

Su Gobierno de coalición entre el centro-derecha macronista y la derecha tradicional de Los Republicanos (LR) ha sucumbido ante la moción de censura presentada por la coalición de izquierdas del Nuevo Frente Popular (NFP), que recibió el apoyo de la extrema derecha de la Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés). Una alianza circunstancial entre bloques antagónicos que acentúa la inestabilidad en el país y aumenta la presión sobre el presidente, Emmanuel Macron.

No hubo ningún giro de guion inesperado. Un total de 331 diputados -el umbral de la mayoría absoluta se sitúa en 289- votaron a favor del texto presentado por la alianza compuesta por la Francia Insumisa (afines a Sumar o Podemos), el Partido Socialista, los verdes y los comunistas. 

La suerte estaba echada desde el lunes cuando la ultraderechista Marine Le Pen confirmó que respaldaría la moción de censura de su propia formación, pero también la de la izquierda. Estas iniciativas fueron presentadas en respuesta a la adopción de la parte de los presupuestos dedicada a la Seguridad Social a través del artículo 49.3, un polémico decreto que sirve para aprobar una ley sin una votación parlamentaria.

"Ustedes dijeron que respetarían el Parlamento tras el récord en el uso del 49.3 del Gobierno precedente" de Elisabeth Borne, aseguró el diputado Éric Coquerel, de la Francia Insumisa, que fue el primero en defender la moción en la Asamblea Nacional. 

Una de las protagonistas del debate fue Le Pen. Su paso de una aparente "oposición constructiva" a otra de frontal a la ley presupuestaria, que incluye los recortes más duros (una disminución del gasto público de 40.000 millones de euros) desde 2017, cogió con el pie cambiado a Barnier.

El turno de Macron

 "Lo más sorprendente en este epílogo es la sorpresa del primer ministro", recordó durante el debate parlamentario con cierta malicia la líder de RN, cuyos problemas con la justicia coincidieron con sus ganas de tumbar al Ejecutivo, ya de por sí débil debido al apoyo de solo 212 parlamentarios (de un total de 577). "Los diputados lepenistas mienten cuando dicen que no es culpa suya el hecho de provocar este caos", les reprochó el ex primer ministro Gabriel Attal, actualmente al frente del grupo parlamentario del partido de Macron.

A diferencia de España, en Francia el éxito de un texto de censura no supone la investidura de un Ejecutivo alternativo por parte de aquellos que presentan la iniciativa. El modelo presidencialista de la Quinta República ofrece un amplio margen de maniobra a Macron a la hora de elegir al sucesor de Barnier. 

Los medios ya especulan con los futuribles para Matignon. Entre ellos, destacan los perfiles de actuales ministros o dirigentes con experiencia gubernamental. La mayoría de ellos forma parte de la órbita de la derecha tradicional, aunque no se puede descartar completamente que apueste por un perfil de centro-izquierda.

La sorpresa quizás consistirá esta vez en que Macron no se demorará tanto como durante el verano, cuando tardó casi dos meses a la hora de elegir a un responsable del Ejecutivo tras las elecciones anticipadas del 7 de julio, que dejaron un Parlamento muy fragmentado. Esta vez no le interesa procrastinar, ya que eso reforzaría la presión de aquellos representantes cada vez más numerosos que piden su dimisión como salida de este atolladero.

"El jefe del Estado no quiere estar sin un Gobierno ante Donald Trump este fin de semana", afirmó una fuente del entorno presidencial a la cadena BFM TV. El futuro inquilino de la Casa Blanca viajará a París para asistir a la reapertura de Notre Dame. Ese momento que debía representar la 'grandeur' francesa ha quedado eclipsado por esta crisis gubernamental. Una de las más graves a lo largo de la accidentada presidencia de Macron.

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