Diario de León

Starmer negocia algunas trabas del 'brexit mientras JD Vance destaca su relación con la exmetrópoli

Londres, a la cabeza del continente

Starmer busca nuevos pactos con la UE en aduanas y Defensa sin perder encaje con EE UU

Imagen de la cúpula de San Pablo de Londres.

Imagen de la cúpula de San Pablo de Londres.NEIL HALL

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Agencias
Londres

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Keir Starmer lleva camino de convertirse, si no lo ha hecho ya, en el hombre de 2025 en la difícil geopolítica transatlántica. El primer ministro británico está decidido a mantener viva y en progreso su compleja aproximación a la Unión Europea —resetear la relación pero sin romper el 'brexit' como decidieron hace cinco años— mientras intenta conservar la sintonía con Estados Unidos, muy interesado en convertir al Reino Unido en su socio preferente al otro lado del océano.

Y es que contrariar a Donald Trump tiene un alto precio, del que las islas se van defendiendo, con un 10% de aranceles en contraposición a las ansiedades que sacuden su antigua casa comunitaria. Se trata de un difícil ejercicio de equilibrismo en el que el 'premier' recuerda que Churchill nunca necesitó elegir entre un bloque u otro.

Al tiempo, el líder laborista negocia un tercer frente: la alianza militar de la paz para Ucrania. Se ha hecho un lugar como referente europeo en este conflicto, aun cuando su país no pertenece a la UE y está fuera de su plan de rearme. Pero se le tiene en cuenta. Este miércoles, el próximo canciller federal, Friedrich Merz, señaló que, sin la coordinación con el Reino Unido, Alemania no enviará sus misiles de medio alcance Taurus a Kiev, cuyo Ejército los considera de una importancia capital para frenar a Rusia en el campo de batalla.

Integración alimentaria

El gabinete británico ultima esta semana sendas propuestas de integración en materia alimentaria, farmacéutica y de Defensa con Bruselas. Así dicho parece prosaico, pero representa el esfuerzo del 'premier' por acercarse a la Unión con una voluntad inédita en un lustro de 'brexit'. Quiere ver esos acuerdos materializados el 19 de mayo, durante la primera cumbre bilateral en suelo británico desde el día de la desconexión. Allí recibirá a la presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, y a su homólogo al frente del Consejo Europeo, António Costa. En el Gobierno cunde, sin embargo, la inquietud porque el acercamiento al continente conlleve una interpretación negativa en Washington, que trabaja «intensamente» para acordar un «gran» pacto económico conjunto con su «amigo» británico, en palabras del vicepresidente J.D. Vance. Lord Frost, el político que negoció el 'brexit', ya ha alertado de la posibilidad de perder convenios con EE UU y ha señalado que los aranceles aplicados a EE UU, la mitad que a los Veintisiete, «reivindica nuestra decisión de salir de la UE y su unión aduanera». De igual a igual Los negociadores británicos y comunitarios se han reunido para moldear un pacto que no subordine a ninguno de ellos, de manera que ni la UE reciba críticas internas por ceder ante un antiguo socio díscolo, ni el Gobierno británico termine acusado de minar el 'brexit'. La fórmula es un 'quid pro quo'. Poner en línea y a la misma altura los intereses de los dos países. Afectará a bienes alimentarios y medicamentos veterinarios. Y congelará sus controles fronterizos. El Reino Unido contabilizó una caída de las exportaciones de alimentos y bebidas de un 34% entre 2020 y 2024. Respecto a los fármacos en cuestión, pueden parecer el hermano pequeño de cualquier crisis entre potencias. Pero Bruselas concede un gran valor a ese circuito formado por Gran Bretaña, Irlanda, Chipre, Malta e Irlanda del Norte del que depende la salud de la industria agroganadera y la seguridad alimentaria de los Veintisiete.

El gabinete británico ultima esta semana sendas propuestas de integración en materia alimentaria, farmacéutica y de Defensa

El pacto permitiría solucionar el problema aduanero con Irlanda

Europa plantea un ambicioso plan de rearme para conseguir su autonomía defensiva tras la amenazante sombra rusa y las muestras de EE UU de alejarse del papel de garante de la seguridad que asumió tras la Segunda Guerra Mundial. De la misma manera, la pandemia y la aplicación descontrolada de aranceles por parte de Trump le han enseñado que proteger su potencial alimentario a es también vital. Un ejemplo: el Reino Unido ha prohibido a los viajeros de la UE que introduzcan carne cruda, leche, queso o jamón en su país por el temor a la fiebre aftosa. La importancia de los productos veterinarios ha forzado a que las rígidas normas ‘posbrexit’ se hayan flexibilizado en sucesivas prórrogas, la última de las cuales expirará el 31 de diciembre. El pacto permitiría demás solucionar el problema aduanero entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte y su dimensión política. Starmer quiere llevar a esa cumbre otro acuerdo en materia de Defensa para que el Reino Unido pueda participar en las iniciativas de reame europeas y su industria, beneficiarse de una parte de los 150.000 millones de euros de fondo previstos para seguridad. Bruselas da prioridad en este caso a las empresas con sede en la UE, Ucrania o la EFTA. Francia y Dinamarca han propuesto que, a cambio de la entrada de Londres en este pacto, deje libre el acceso a los pesqueros en aguas británicas, pero Starmer es inflexible en ese punto.
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