Trump atacará Irán si no detiene la represión

El régimen de Teherán advierte al político republicano que tenga «cuidado con sus soldados»

Las manifestaciones se deben a la subida de precios.ABEDIN TAHERKENAREH

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Agencias
Madrid

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Estados Unidos e Irán vuelven a asomarse al abismo de un conflicto. Medio año después de que Donald Trump ordenara atacar instalaciones nucleares en territorio persa, lo que desencadenó la mayor escalada bélica a nivel mundial en ocho décadas, el presidente estadounidense amenaza con una nueva intervención contra el régimen de los ayatolás. Ahora su foco está puesto en las protestas por la carestía de la vida que desde el pasado domingo atraviesan la república islámica y que se han cobrado, al menos, siete vidas y decenas de detenidos. «EE UU acudirá a su rescate (...) Estamos listos para actuar», prometió el magnate en Año Nuevo. «Cuidado con sus soldados», le advirtieron este viernes las autoridades islámicas desde Teherán. El cruce de amenazas coloca la relación entre ambos países en su punto más delicado desde la guerra de los doce días —como el propio Trump bautizó el episodio de junio— y multiplica de paso el eco internacional de las movilizaciones en las calles de Irán, donde las quejas de origen económico han derivado en una crítica abierta a la política persa, con consignas contra el régimen como «muerte al dictador» y a favor del regreso de la monarquía. La represión contra los manifestantes, lejos de frenar las movilizaciones, ha extendido las marchas que comenzaron hace seis días en Teherán a una quincena de ciudades iraníes donde se repiten los incidentes con las fuerzas de seguridad. La organización no gubernamental Hrana, con sede en Estados Unidos, puso este viernes cifras a las protestas: al menos 119 personas detenidas, 33 heridas y 7 víctimas mortales. «Si Irán dispara y mata violentamente a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, EE UU acudirá a su rescate», avisó Trump el pasado jueves a las autoridades persas a través de su red social, Truth, donde deslizó la idea de un nuevo ataque contra el régimen de los ayatolás. «Estamos preparados y listos para actuar», remató. La amenaza llega en un momento difícil para la república islámica, debilitada tras los golpes sufridos por sus aliados regionales en Gaza, Líbano y Siria y asfixiada por las sanciones internacionales por su controvertido programa nuclear. Pero el régimen de Teherán no está dispuesto a demostrar su frágil situación en la escena internacional y en las últimas horas elevó el tono hacia la Casa Blanca. «La seguridad de Irán es una línea roja. Cualquier intervención que atente contra ella bajo cualquier pretexto se enfrentará a una respuesta contundente», subrayó Alí Shamjani, consejero del Líder Supremo, Alí Jamenei. «Trump debería de saber que cualquier injerencia estadounidense en este asunto interno equivaldría a desestabilizar toda la región y perjudicar los intereses estadounidenses», agregó otro de los asesores, Alí Larijani, quien apuntó directamente a los «soldados» norteamericanos en la zona.

Críticas «legítimas»

Estados Unidos cuenta con una veintena de bases y unos 40.000 hombres en la región, todos ellos desplegados en las fronteras de Irán, que ya en 2020 —cuando Trump dio luz verde al asesinato del general Suleimani en Bagdad— lanzó misiles contra instalaciones militares de Washington en Irak. El choque entre el régimen de los ayatolás y el líder republicano, sin embargo, tiene en esta ocasión un aparente trasfondo social por su origen en las protestas que ha desatado la situación económica del país, con el rial por los suelos —la moneda nacional arrastra una devaluación crónica— y la inflación disparada. De hecho, los primeros en salir a las calles a quejarse fueron los comerciantes —un sector con un enorme poder de influencia entre los persas— aunque pronto se les sumaron los universitarios y otros jóvenes descontentos con el régimen. Las autoridades iraníes temen que las manifestaciones alcancen la fuerza de las marchas desatadas a finales de 2022 a raíz de la muerte de la joven Mahsa Amini tras su detención por un uso inadecuado del velo que debía cubrirla. Algunas organizaciones calculan que más de medio millar de personas perdieron la vida en esas movilizaciones, que duraron meses y se produjeron tres años después de otra ola de protestas por el encarecimiento del combustible.

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