La guerra acaba con el idilio político entre Sánchez y Ursula Von der Leyen, la jefa de la Comisión de la UE

Ursula Von der Leyen y Macrón ayer, en Bruselas.
Pedro Sánchez y Ursula von der Leyen formaban una improbable pareja política. Él, un progresista que venía a renovar el socialismo tras el fracaso de los partidos de izquierdas durante la Gran Recesión; ella, una conservadora que había llegado a Bruselas tras una brillante carrera en Alemania. Él, un joven presidente del hasta hacía poco vilipendiado Sur; ella, una veterana dirigente que había crecido en su país a la sombra de la austera Angela Merkel. Él, fotogénico y atrevido; ella, una mujer acostumbrada a tomar decisiones en frío. Pero cuando se conocieron, congeniaron, y en sus encuentros comenzaron a intercambiar gestos afectuosos y cruzar miradas cómplices. Vivieron una luna de miel política, pero ahora están en crisis y nadie sabe si podrán salvar lo suyo.
La guerra de Irán ha roto una relación consolidada durante siete años. El presidente del Gobierno de España y la presidenta de la Comisión Europea han chocado de frente tras los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra el régimen islámico. Para Pedro Sánchez, los ataques son «un atropello a la legalidad».
Para Ursula von der Leyen, «nadie debería derramar ni una lágrima por el régimen iraní» y Europa ya no puede ser «guardiana de un orden mundial basado en reglas que ha desaparecido». Pero las cosas entre ellos no eran así antes. En 2019, Sánchez fue uno de los principales puntales de Von der Leyen para lograr que los socialistas europeos apoyaran su candidatura a la presidencia de la Comisión Europea, un respaldo que pronto fue correspondido por la política alemana, que impulsó en la pandemia los fondos ‘Next Generation’, de los que España fue una de las grandes beneficiadas. Sánchez y Von der Leyen coincidieron también en el liderazgo climático, en la apuesta por las energías renovables, en la oposición a la invasión rusa de Ucrania, en su defensa del reciente acuerdo de Mercosur o en la ampliación de la Unión Europea.
El presidente español se convirtió en un aval para Von der Leyen, que presumía del mismo para legitimarse como una opción con respaldos más allá de la derecha (una presidenta bipartidista, dirían en Estados Unidos) dentro del complicado ecosistema de equilibrios de Bruselas. Mientras tanto, la simbiosis siguió funcionando: Sánchez colocó a una de sus principales colaboradoras, Teresa Ribera, como vicepresidenta de la Comisión Europea.
Ni los ataques de celos del PP, que veían a Von der Leyen más cerca de los socialistas que de los populares (aunque la mandataria alemana se esforzó en no descuidar su relación con Alberto Núñez Feijóo) desgastaron la sintonía. Pero llegaron las guerras. En la de Gaza, Sánchez fue el primero en desmarcarse de la postura proisraelí de Von der Leyen, que poco a poco fue virando hacia una posición más cercana a los palestinos.
Ahora en Irán se han abierto dos frentes en Europa: la presidenta de la Comisión frente al presidente del Consejo, el portugués António Costa, con el que Sánchez ha hecho frente común. Los tiempos de vino y rosas entre Von der Leyen y Sánchez parecen haber quedado atrás.
Sin prisa para explicar
El presidente Pedro Sánchez comparecerá finalmente el próximo 25 de marzo en el Congreso para dar cuenta de la postura del Ejecutivo ante el conflicto en Oriente Medio, tres semanas después del ataque de Estados Unidos y de Israel sobre Teherán. Lo hará después de participar la semana que viene en el Consejo Europeo en el que los líderes comunitarios debatirán también las implicaciones de la guerra en Irán para la seguridad y la estabilidad internacional y de abrir una ronda de contactos con todos los grupos parlamentarios y con los agentes sociales para «poner en común» un conjunto de medidas con las que hacer frente a las consecuencias de la escalada bélica y mitigar sus efectos. Un impacto que ya se está empezando a notar en la economía doméstica. El jefe del Ejecutivo ha delegado la interlocución en el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, quien en los próximos días se pondrá en contacto con todos los representantes parlamentarios, incluido el de Vox. La negociación con patronal y sindicatos se hará a través de las tres vicepresidentas y el ministro de Economía, Carlos Cuerpo. «Ya hemos antepuesto los intereses de la ciudadanía en otros conflictos, como en el de Ucrania y lo volveremos a hacer porque estamos preparados», afirmó la portavoz Elma Sáiz, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, en la que evitó concretar cuáles son las opciones.