Alemania devolverá a Siria a 800.000 refugiados que llegaron en la 'era Merkel'
El anfitrión enfatizó que las necesidades de protección de los sirios en Alemania "deben ser reexaminadas" y que "cualquiera que ya no disfrute del estatus de protección debe abandonar" el país

Niños desplazados desde Guta oriental, en Siria, juegan en un campo de refugiados en la ciudad de Atarib, cerca de Alepo.
La visita oficial a Berlín del presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, era percibida en Alemania como muy controvertida. No en vano, el invitado fue en su día aliado de la red terrorista Al-Qaeda. Pero el canciller, Friedrich Merz, no tuvo reparos en extenderle la alfombra roja, dado que se trata de una figura imprescindible para cumplir una de sus principales promesas electorales: el regreso de los refugiados. El anterior equipo de gobierno mantuvo contactos muy discretos con Damasco para favorecer el inicio de las deportaciones, evitando la imagen de negociaciones o acuerdos con interlocutores demasiado cercanos al grupo yihadista Hayat Tahrir al-Sham, que ha ganado influencia tras la caída de Bashar al-Asad en noviembre de 2024. Merz prefirió tratar el asunto con gran transparencia y lograr un resultado contante y sonante. Alemania y Siria pactaron ayer la repatriación del 80% de los refugiados. Unas 800.000 devoluciones. Desde que en 2015 Angela Merkel abrió las puertas del país a los sirios para evitar una crisis humanitaria a las puertas de las fronteras europeas, más de 1,3 millones personas de esta nacionalidad han llegado a territorio germano. El actual canciller está decidido a organizar más viajes de regreso ahora que ha terminado la guerra, a pesar de una situación de seguridad "volátil", según el Ministerio alemán de Asuntos Exteriores. En la rueda de prensa conjunta celebrada este lunes, Merz invocó el "momento histórico" de la caída del régimen de Al-Asad en 2024 y aseguró que "la mayoría de los sirios quieren volver a Siria". El acuerdo recoge la devolución del 80% en los próximos tres años. "Son bienvenidos en su tierra natal", garantizó su invitado, al frente de un gabinete que hasta ahora había puesto trabas a los vuelos de repatriación. Al-Sharaa destacó que "traerán nuevas ideas" al país y constituirán una "fuerza de trabajo" para la reconstrucción, a la que contribuirá Alemania con al menos 200 millones de euros en 2026, además de prolongarse en los siguientes ejercicios.
El anfitrión enfatizó que las necesidades de protección de los sirios en Alemania "deben ser reexaminadas" y que "cualquiera que ya no disfrute del estatus de protección debe abandonar" el país. Al-Sharaa agradeció "a todos los alemanes por abrir la puerta y ayudar a la población amenazada por Asad". Estas palabras ponen aparentemente punto final a la entonces denominada "Operación Bienvenida", en la que no solamente participó el Ejecutivo de Merkel, sino que inspiró una gran participación sin precedentes de la sociedad civil.
Esfuerzo colectivo En aquel histórico otoño de 2025, se pusieron a disposición de los recién llegados numerosas salas de deporte de colegios, casas parroquiales y sedes de todo tipo de asociaciones, se habilitaron instalaciones como antiguos aeropuertos y se alquilaron edificios de apartamentos enteros y hoteles al completo para alojar a la marea de ciudadanos procedentes de Siria. Aunque no hay una cifra oficial -el Estado alemán no diferencia la nacionalidad en su partida de gasto para refugiados-, una cantidad constante de más de 1,3 millones de sirios cobra desde entonces 1.000 euros mensuales por adulto, 500 por niño y hasta 4.000 por familia, además de recibir techo, sanidad, educación y servicios de integración. La sociedad civil germana se volcó en donaciones, voluntariado e incluso acogida física. Al-Sharaa cuenta con que una generación de sirios cualificados durante la última década en Alemania constituya una gran aportación. "Tenemos una visión común: queremos reconstruir Siria y queremos luchar contra el terrorismo", resumió antes de prometer que "todos los que quieran regresar podrían hacerlo en cualquier momento". "Queremos convertirnos en un Estado gobernado por el Estado de derecho" con "una buena Constitución que preserve la dignidad humana", intentó tranquilizar a quienes temen por las condiciones del regreso. Y señaló que Berlín es claramente un socio "con el que podemos tender puentes".