Trump lanza la ‘Operación Libertad' para romper el bloqueo de Ormuz

Guiará buques atrapados en el estrecho en una misión presentada como humanitaria

Un dragaminas de la Marina de Alemania partió este lunes hacia el mar Mediterráneo.alexander ullman

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Agencias
Washington

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Donald Trump ha decidido mover ficha en Ormuz después de semanas de parálisis, dudas, vaivenes y negociaciones sin resultado con Irán. Lo ha llamado ‘Project Freedom’ (Operación Libertad) y lo ha presentado como una misión humanitaria para ayudar a barcos comerciales atrapados en una de las rutas marítimas más importantes del mundo. Pero detrás del nombre hay algo más que una expedición de rescate. Es el primer intento directo de Washington de romper el bloqueo impuesto por Teherán en el estrecho desde el inicio de la guerra, y puede devolver el conflicto a una fase de enfrentamiento abierto. La operación comenzó ayer por la mañana, según anunció el propio Trump en su red, Truth Social. El presidente estadounidense dijo que varias naciones «de todo el mundo» habían pedido ayuda a EE UU para liberar sus barcos, bloqueados en el estrecho y convertidos, en sus palabras, en «víctimas de las circunstancias». «Hemos dicho a esos países que guiaremos sus barcos de forma segura fuera de estas aguas restringidas, para que puedan seguir libremente con sus negocios», escribió. El tono elegido por el presidente fue deliberadamente mesurado, al menos en apariencia. Trump no habló de atacar a Irán ni de abrir una nueva campaña militar. Dijo que el movimiento de barcos busca «liberar a personas, empresas y países que no han hecho absolutamente nada malo». Lo definió incluso como un «gesto humanitario» en nombre de Estados Unidos, de países de Oriente Medio y, en una fórmula llamativa, «en particular, del país de Irán». La razón que dio es que muchos de esos buques, unos 2.000, llevan semanas atrapados, con tripulaciones que empiezan a quedarse sin alimentos, suministros y condiciones sanitarias adecuadas.

El problema es que Ormuz no es un corredor cualquiera. Por ese paso entre Irán, Omán y Emiratos Árabes Unidos circula, en condiciones normales, alrededor del 20% del petróleo y del gas natural licuado del mundo. Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos contra Irán y el régimen respondió cerrando o restringiendo muy severamente el tránsito, la economía mundial ha quedado pendiente de un cuello de botella de apenas unas decenas de kilómetros. El precio del Brent supera los 100 dólares el barril, más de un 50% por encima de los niveles previos a la guerra, y la gasolina se ha convertido ya en un problema político para Trump a seis meses de las elecciones legislativas de noviembre. La Casa Blanca llega a esta decisión después de un bloqueo diplomático y militar. El presidente no quiere una contienda interminable, pero tampoco acepta que Irán mantenga cerrado Ormuz mientras las conversaciones se estancan. Él dijo a su inicio que el conflicto no duraría más de seis semanas y ya se cumplen diez. El jueves por la noche se presentó al presidente un plan más agresivo: enviar buques de guerra a través del estrecho para abrirlo por la fuerza. A última hora, Trump eligió una opción más cautelosa, al menos en la primera fase. En vez de anunciar una operación militar ofensiva, optó por una misión de guía y apoyo a barcos atrapados. Es una diferencia importante, pero no elimina el riesgo. En Ormuz, acompañar navíos, escoltarlos o simplemente indicarles una ruta segura puede convertirse en un choque directo si Irán decide impedirlo, con posibilidad de más bajas, también para Estados Unidos. La respuesta de Teherán fue inmediata. El jefe del mando central persa, el general Ali Abdollahi, advirtió de que el régimen atacará a «cualquier fuerza armada extranjera» que intente acercarse o entrar en el estrecho, «especialmente el agresivo ejército estadounidense», informa la agencia AP. Según Irán, Ormuz está bajo control de sus fuerzas armadas

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