Diario de León

El escándalo del espía menor de edad que casi tumba al nuevo director del Mosad

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Óscar Beltrán

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No es posible ser el director de una agencia de espionaje, en especial si se llama Mosad, si no tienes un pasado difícil. Los servicios secretos más temibles del mundo acaban de nombrar a un nuevo director, el general Roman Gofman, después de que el actual responsable de la oficina, David Barnea, cumpliera su plazo de cinco años al frente de su cargo. 

El recién elegido está considerado un héroe por su comportamiento el 7 de octubre, pero también tiene un punto en su historial que está relacionado, precisamente, con la nueva forma de hacer la guerra y las batallas en la sombra. 

Gofman nació en Bielorusia en 1976 y no emigraría a Israel hasta 1990. Se incorporó a las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, por sus siglas en inglés), donde ascendió en el seno de las tropas blindadas hasta convertirse en general. A lo largo de su carrera se ganó una imagen de mando individualista y agresivo, capaz de criticar en público a sus superiores por lo que entendía como parálisis ante las amenazas que se cernían sobre Israel. 

El principal ejemplo de esta mentalidad es una operación de contrainformación por la que ahora está siendo cuestionado para el cargo. Canal de Telegram En 2022, Gofman dirigía la División 210 'Bashan', encargada de la vigilancia de la frontera en dos sitios estratégicos: los altos del Golán y el monte Hermón. En el punto de mira de sus cañones estaba Siria. Gofman entendió que las operaciones de contrainteligencia no estaban siendo lo suficientemente ofensivas y decidió realizar sus propias campañas de desinformación. 

Para ello, su estado mayor entró en contacto con un bloguero judío que utilizaba un canal de Telegram para comentar información sobre Israel y la situación militar. Se trataba de un menor de edad, Ori Elmakayes. 

Los mandos de la división blindada comenzaron a darle información, en ocasiones sesgada, que el menor distribuía en árabe. La intención era poner en marcha una operación clandestina de manipulación que afectara a la zona de Siria que vigilaba Gofman, pero también de captar información sobre el enemigo e incluso conseguir datos personales de sus adversarios. Todo se les fue de las manos. 

El bloguero comenzó a recibir datos cada vez más precisos de los militares judíos y a volcarlos en su canal de Telegram. Sus comentarios llamaron la atención del Shin Bet, la agencia judía de espionaje interior. En abril, los miembros de este servicio secreto detuvieron a Ori Elmakayes bajo la acusación de estar difundiendo información sensible sobre la seguridad de Israel. La división que dirigía Gofman no salió en defensa del menor y durante meses ocultó que era uno de sus activos. Le abandonaron cuando fue encarcelado por difundir secretos de Estado. Finamente, Elmakayes consiguió demostrar su inocencia y convencer al Shin Bet de que trabajaba bajó las órdenes del Ejército pese a ser menor de edad. Al quedar en libertad, comenzó a denunciar cómo se había portado Gofman.

 "Como consecuencia de su abandono, fui encarcelado injustamente, mantenido cautivo y sometido a torturas físicas y mentales, incluyendo intensos interrogatorios durante más de un año y medio, todo ello cuando tenía 17 años, no había hecho nada malo y solo actuaba en beneficio de la seguridad de Israel. Me utilizaron para diversas misiones de recopilación de inteligencia, la activación de agentes en países enemigos, lo que puso en peligro mi vida, y otras operaciones de influencia contra organizaciones terroristas", aseguró en diciembre del año pasado, cuando Gofman fue nombrado secretario militar de Netanyahu. Al conocer que este general iba a dirigir el Mossad, el bloguero fue más duro. "Si me abandonó a mí, ¿quién le impedirá abandonar al personal del Mossad si, Dios no lo quiera, se ven involucrados en diversas operaciones?", añadió. 

"Gofman no es digno de ser jefe del Mossad, ni comandante ni oficial", añadió. Gofman fue investigado por este caso, pero la Corte Suprema rechazó actuar contra él, como pedía incluso la Fiscalía General del Estado. Se le exculpó al entender que desconocía los pormenores de la operación y que eran sus subordinados los que se habían encargado de los detalles prácticos. Al pasar su nombramiento por el tribunal que ha valorado su capacidad para dirigir el Mossad el caso tampoco ha sido tenido en cuenta. Tiroteo Ante su nombramiento, sin embargo, Gofman ha intentado mostrar una imagen totalmente distinta a un mando militar sin escrúpulos y capaz de dejar en la cuneta a sus aliados. El nuevo jefe de los espías israelíes fue el oficial de mayor grado que el 7 de octubre se lanzó a las carreteras del sur del país para defender a los ciudadanos que estaban siendo masacrados por las tropas de Hamás. Cuando todavía se desconocía la magnitud del ataque terrorista palestino -en el que fueron asesinadas 1.500 personas y 250 secuestradas-, el general Gofman salió de su casa con su arma personal, sin chaleco antibalas, y se dirigió en coche a Sderot, la población que estaba siendo arrasada por Hamás. 

Allí se enfrentó a tiros con los terroristas y consiguió abatir a algunos de los atacantes. Hasta que un balazo le reventó la rodilla. Una ambulancia consiguió rescatarle en medio del tiroteo. El martes, al tomar posesión de su cargo, invitó a los dos conductores de ambulancia que le trasladaron desde Sderot a un hospital.

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