El liderazgo de la OIT se disputa entre Yolanda Díaz y el togoleño Houngbo, salvo sorpresa de última hora
Derechos laborales que hoy se dan por adquiridos, no siempre existieron
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define este lunes quienes serán los candidatos a dirigir para el periodo 2027-2032 esta centenaria institución, una carrera que -salvo sorpresa de último minuto- se definirá entre el actual director general, el togoleño Gilbert Houngbo, y la vicepresidenta segunda de España, Yolanda Díaz.
La OIT es importante y singular por diversas razones, empezando por el hecho de que fue la única organización internacional que sobrevivió tras la Segunda Guerra Mundial y que desde su creación, en 1919 como parte del Tratado de Versalles, ha sido un pilar central en la búsqueda de la justicia social -como base de una paz duradera- y de la protección de los trabajadores.
Derechos laborales que hoy se dan por adquiridos, no siempre existieron. Fue la OIT la que tendió las bases de derechos que ahora se consideran fundamentales, como el salario mínimo, un concepto que planteó en 1928, a través de su Convenio 26, que luego se amplió para todos los grupos de asalariados en el Convenio 131.
Los convenios son los instrumentos legales a través de los cuales esta organización -incorporada en 1946 al sistema de Naciones Unidas- ha extendido su manto normativo en todo el mundo y a través del cual pudo transformar en el siglo XX y las primeras décadas del XXI aspiraciones sindicales -que desde ciertos sectores eran vistas como "excesivas"- en derechos reconocidos hoy en prácticamente todo el planeta.
La OIT fue así la arquitecta de la noción moderna de seguridad social y gracias a ella los trabajadores formalizados del mundo gozan de vacaciones pagadas.
La votación clave el 16 de noviembre
En Díaz o en Houngbo recaerá la tarea de dar nuevos aires al liderazgo de la OIT o de darle más bien un sentido de continuidad.
Ello dependerá de la votación que se efectuará el próximo 16 de noviembre, luego de que el 23 de septiembre ambos se presenten en un acto público en la sede, en Ginebra, y de que el 9 de noviembre mantengan comparecencias privadas con los miembros del consejo de administración de la organización.
Será este órgano el que decidirá la elección y no la Conferencia de la OIT, su órgano supremo que se reúne una vez al año en junio por dos semanas y que está compuesto por delegaciones de los 187 Estados miembros.
El consejo de administración es una instancia mucho más pequeña, de 56 miembros ( 28 representantes gubernamentales, 14 de los empleadores y 14 de los trabajadores), y el ganador requerirá recibir el apoyo de más de la mitad de los miembros con derecho a voto, es decir 29.
Esto significa que ningún bloque puede, por sí solo, imponer a su candidato, aunque en la práctica tampoco parece probable que los tres grupos actúen de forma unánime en torno a una misma candidatura, sobre todo ante aspirantes con visiones distintas de como y hacia donde conducir a la OIT a partir del 1 de octubre de 2027, cuando empezará un nuevo mandato.
Mientras Houngbo defiende que hay que "garantizar la estabilidad y la previsibilidad", y "fomentar el crecimiento sostenible de las empresas", Díaz habla de "garantizar la sostenibilidad financiera (de la OIT) sin menoscabar su independencia, explorando incuso nuevas formas de colaboración público-privada compatibles con su autonomía".
El actual director general no menciona una sola vez a lo largo de seis páginas en las que ha presentado su "visión global" de la OIT al Sur Global, cuyo rol es defendido en un documento similar preparado por Díaz, en el que también defiende el papel de la organización en la consecución de la igualdad entre hombres y mujeres, y la lucha contra la discriminación de estas últimas en el mundo del trabajo, una cuestión que su rival no aborda directamente.
En cambio, la justicia social es un asunto que ambos destacan y en el que se reconoce a Houngbo por su iniciativa de lanzar la Colisión Mundial para la Justicia Social en 2023, volviendo a dar a esta noción el peso que tenía en el seno de la OIT cuando fue fundada.
Lo que más ha ensombrecido el mandato de Houngbo es la grave crisis de liquidez que sufre la organización, que arrastra un déficit de contribuciones de sus Estados miembros por más de 380 millones de euros, de los cuales unos 270 millones corresponden a los impagos de Estados Unidos (considerando las cuotas de 2026).