OPINIÓN Carlos Carnicero
Sadam cede, Aznar y Bush se enfadan
La paradoja se produce con la irritación de Bush, Blair y Aznar cada vez que Sadam Husein termina por aceptar un criterio de los inspectores de Naciones Unidas. Entonces los «señores de la guerra» enfurecen porque se enfrían las razones que esgrimen como necesidad para atacar. Ahora, por fin, el dictador iraquí ha aceptado destruir los misiles Al Samud 2 que superan los límites permitidos, y George W. Bush ha sufrido un ataque de cólera para terminar de demostrar que el problema no es la supuesta amenaza de Irak, sino el control de su petróleo. Y Aznar dice que no se puede esperar. ¿Esperar para qué? ¿Para empezar la guerra? ¿El objetivo no es el desarme? Entonces, se trata de comenzar la batalla a cualquier precio en cualquier circunstancia. Demasiadas evidencias de una mentira sostenida sin ningún pudor. La opinión pública norteamericana está prisionera del miedo imbuido a raíz del 11 de septiembre. Los medios de comunicación norteamericanos, en general, han sustituido la información por la propaganda y los planes anunciados por George W. Bush de utilizar el engaño, secuestran la opinión de los norteamericanos que aman la guerra en las encuestas de opinión pública. Si Sadam Husein sigue siendo inteligente, el coste político de su propia destrucción tendrá un precio sobreponderado en los países democráticos cuyos ciudadanos han salido a la calle para enfrentarse con los deseos belicistas de Bush, Blair y Aznar, esos tres mosqueteros del siglo XXI partidarios de recuperar criterios de barbarie en forma de «guerra preventiva». Contra lo que enseñan en las escuelas de Economía, la lucha por el petróleo será la pulsión de la guerra del siglo XXI. En la medida que mil quinientos millones de chinos se incorporan al consumo, crece el nerviosismo de los magnates por mantener la oferta. Así de sencillo, así de sucio.