Acusó al actual presidente de la CE de querer «malvender» la empresa pública SME a Benedetti
Berlusconi apunta a Prodi en su juicio por corrupción de jueces
El primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, declaró por fin ayer en el proceso SME, en el que está acusado de sobornar jueces, para dar su versión

El presidente italiano, Silvio Berlusconi, durante un momento de su declaración en el juicio
Pero sobre todo, el líder de Forza Italia desvió la atención del objeto del juicio al sembrar sospechas sobre dos ilustres terceros. Uno, el actual presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, entonces presidente del Instituto de Reconversión Industrial (IRI), que según Berlusconi se disponía a malvender la empresa pública SME al empresario Carlo De Benedetti. Dos, el anterior primer ministro, Giuliano Amato, que en aquella época era miembro del Gobierno y habría afirmado tener «pruebas, no indicios» de la existencia de «tangentes (comisiones ilegales)» en la operación. «Esta posibilidad era la única explicación posible a un regalo tan enorme a un ciudadano y a un daño tan enorme para el Estado», declaró Berlusconi. Este «ciudadano», Carlo De Benedetti, era además el principal enemigo empresarial del magnate, que hoy justificó su intervención en la privatización porque tenía «una cuenta pendiente» con su rival por arrebatarle la editorial Mondadori. Precisamente la semana pasada los abogados de Berlusconi fueron condenados por «comprar» la sentencia que luego devolvió esta empresa al actual primer ministro. En este contexto, el líder de Forza Italia se presentó a sí mismo como la víctima de un proceso «paradójico», porque en su opinión debería serle reconocido el mérito «de haber evitado un evento perjudicial para los intereses del Estado». Esta es la sustancia de la declaración de Berlusconi, que reconstruyó los pormenores del caso durante 56 minutos, en pie y sin consultar notas. Ni palabra sobre el meollo de la acusación: según la Fiscalía, el juez que anuló la venta de SME recibió el equivalente en liras a unos 102.000 euros procedentes de cuentas de Fininvest, el holding de Berlusconi. Por la tarde llovieron las reacciones. Romano Prodi aseguró que defendió en todo momento los intereses del Estado y divulgó una reconstrucción del caso de seis páginas. «El precio era justo y el bloqueo de la venta retrasó una década la privatización», afirmó. Amato desmintió que tuviera conocimiento del pago de comisiones ilegales. Berlusconi, por su parte, acabó su primera experiencia judicial con un incidente. Cuando salía, un joven le llamó «bufón» y le exigió que se sometiera al juicio.