Bomberos españoles rescatan con vida a una niña de cuatro años que pasó 30 horas enterrada bajo escombros
Los argelinos denuncian corrupción mientras esperan las ayudas oficiales
Argelia sigue contando sus muertos, heridos y desaparecidos tras el brutal terremoto que golpeó el pasado miércoles por la noche varios bar
Emili Kaida, de cuatro años, estuvo enterrada durante más de 30 horas. Ayer, un grupo de voluntarios españoles que forman la ONG Bomberos sin Fronteras (con sede en Valencia) la sacaron de entre los escombros en Bumerdés, donde la situación es dramática porque decenas de edificios se han hundido como castillos de naipes en pocos segundos sepultando a todos sus vecinos. Emili es una de las supervivientes, junto con otro bebé de pocos meses, cuando ya casi todo se había dado por perdido. La ayuda internacional, entre ella la española, no se ha hecho esperar, y centenares de miembros de equipos de rescate de diversos países, ayudados con perros y toneladas de material humanitario, trabajan día y noche sin descanso, junto con sus homólogos argelinos y la población civil, en las tareas de limpieza y de rescate de víctimas. El Gobierno de Abdelaziz Bouteflika sigue haciendo llamamientos a la población para que mantenga la calma y asegura que cumplirá todas sus promesas sobre ayudas a los ciudadanos afectados por el violento seísmo. Pero la inmensa mayoría de los argelinos contemplan con escepticismo, cuando no con rabia, el nuevo drama que vive el país y no se acaban de creer lo que dice el Gobierno. Argelia es un país inmensamente rico y poco poblado. El gas y el petróleo podrían asegurar una vida más que digna a la mayoría de la población. Pero esto no es así, y mientras los ingresos por las exportaciones de hidrocarburos permiten mantener una casta de hombres de negocios, civiles y militares, generalmente corruptos, la mayoría de la ciudadanía tiene que enfrentarse a duras condiciones de vida. El agua corriente no llega con regularidad a muchas casas de Argel y de otras ciudades, los servicios públicos son deficientes, las infraestructuras de todo tipo insuficientes, la basura se amontona en las calles de muchas localidades, la miseria se ha apoderado de las vidas de millones de personas. Además, la corrupción es la ley, el dinero sucio funciona con normalidad y el descontrol es absoluto. En Argelia no hay Estado en el sentido estricto del término, sino mafias políticas, económicas y militares que controlan el país. Cuesta poco imaginar que una catástrofe de esta magnitud adquiera características verdaderamente dramáticas. Las tareas de de auxilios a las víctimas no funcionan, el Estado está prácticamente ausente.