CRÉMER CONTRA CRÉMER
Libros de León
CUANDO los servicios culturales del Municipio solicitaban la colaboración de todas aquellas gentes de su censo que pudieran aportar algún dato para la composición de la verdadera historia de León, desde sus primeros vagidos hasta nuestros días, pasando naturalmente por sus guerras y fundaciones, los hombres señalados, que solían ser los mejor dispuestos y preparados para tan provechosa colaboración, se apresuraban a poner a disposición del Ayuntamiento y aún de la Corporación Provincial sus saberes y sus trabajos. Eran tiempos en los cuales los profesores salían a la calle o acudían a los centros sociales a prestar sus valiosas aportaciones. Entonces, también León se permitía el lujo o el milagro de contar con Ateneos o Liceos y con organizaciones teatrales y hasta con publicaciones técnicas, históricas y líricas. León era un poblado pobre pero honrado y bien dispuesto a cualquier labor. Se publicaban libros que hoy en día constituyen un signo importante de la voluntad cultural de León y la historia bibliográfica de León se enriqueció grandemente. Y cuando en estos días sugerimos de alguna forma la idea de reanudar aquella noble política cultural, tan necesaria y transcendente para muchos como la de disponer de una cancha para poder practicar algún deporte o de un lugar en el cual los cantautores que se llaman o los danzantes o los inventores de músicas increíbles, nos vienen a la memoria aquellos tiempos de feliz memoria y acogemos con satisfacción plena la edición de cualquier libro, mediante los cuales se pretende reconstruir épocas memorables y costumbres y leyendas dignas de conocerse. Como estos dos libros, («Señorío de Grajal de Campos, 1.500-1.700» y «Las Leyendas de Trultalba») debidas a la intrépida disposición historiográfica de un leonés, por muchas razones digno de ser requerido para otras aventuras intelectuales, Vicente M. Encinas, que fue, entre otros menesteres no menos provechosos, Profesor de Filosofía en el Instituto leonés. Como para la demostración y el mejor entendimiento de libros de tan preñada sabiduría como estos ejemplos requieren conocimientos y análisis de mayor penetración que los que pudieran ofrecerse desde un simple comentario de periódico, es natural que nos limitemos nosotros a anunciar la salida de estos dos libros y que proclamemos que ambos contribuyen grandemente al descubrimiento de muchos de los signos de identidad que los leoneses proclamamos pero que apenas si contribuimos a que puedan ser una realidad. El autor de estos dos textos de obligado conocimiento, al cabo de años de investigación ha conseguido poner en pie la arquitectura histórica y legendaria de una de las villas más significativas y emblemáticas de León: Grajal de Campos y las claves para el entendimiento total de su historia, los cerros de Turrutalba... El autor se acoge a Gómez Moreno y a su Catálogo monumental de la Provincia de León, para inscribir en el libro de la Gran Historia que los Altos de Turrutalba eran dos cerros «cercano el uno del otro, donde con gran probabilidad histórica se asentaron los centros de los celtíberos, astures o vacceos». Registramos este suceso, porque cualquier aparición de un libro es un suceso muy digno de reseñarse, con gran admiración y con enorme gratitud y a la vista de este evento seguimos apostando por la creación en León de un Aula Municipal de Cultura, en la cual se proyectaran con carácter de urgencia la formación de una biblioteca y centro de estudios en el cual pudieran tener lugar la presentación de obras como las que registramos, que de manera tan notable es seguro que puedan contribuir al mejor conocimiento de la ciudad de León.