Diario de León

Los sindicatos salen en ayuda de Blair en el debate laborisla sobre la guerra

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Íñigo Gurruchaga - londres
León

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La política de Tony Blair en Irak fue tramitada ayer sin problemas en la conferencia anual del Partido Laborista, donde las voces favorables a la intervención militar fueron más numerosas que las opuestas. El debate se zanjó con un voto favorable a un documento genérico sobre política internacional. Las intervención más emocionante fue la de Ann Clwydd, diputada galesa de la izquierda laborista, implicada en la defensa de derechos humanos en Irak desde 1979, que no pudo contener las lágrimas al describir las atrocidades del régimen de Sadam Husein que ha presenciado. Los delegados laboristas, conmovidos, ofrecieron una ovación en pie a la diputada, que apoyó la intervención militar con el objetivo de cambiar el régimen. Pero ése no fue el motivo alegado para la intervención militar, como recordó otra diputada, Alice Mahon, para quien Blair «engañó» al país. Un sindicato, RMT, afiliado al partido Laborista, había presentado una moción de condena de la intervención. Pero los organizadores de la agenda _con peso especial de los grandes sindicatos_ impidieron su votación, sumida en una ponencia genérica, que la conferencia respaldó. La fría acogida de los delegados a los discursos de dos ministros implicados directamente en la guerra -el de Defensa, Geoff Hoon, y el de Exteriores, Jack Straw- mostraron la distancia entre los defensores de la política oficial y el corazón sentimental del Laborismo. No en la clase media Según los analistas británicos, la política de Irak causa malestar entre sectores laboristas de clase media, pero es aceptada sin controversias en los sectores más tradicionales de la izquierda británica. Ese análisis parece confirmado por lo ocurrido en la conferencia de ayer. El primer ministro británico insistió en que hay que oír a los iraquíes y reconoció que «los problemas de seguridad en la zona son muy serios» pero concluyó que la guerra tuvo sentido porque «esa gente hoy es libre». Mientras los grandes sindicatos ayudaban a Tony Blair a pasar página en la disputa interna sobre Irak, unían sus fuerzas para votar contra el proyecto gubernamental de dar autonomía a los hospitales públicos. Es una reforma querida por Blair, que ha prometido consultar más pero no retroceder.

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