Encerrados en Roma, discutiendo hasta por el cristianismo

Policías y antiglobalización se enfrentan en Roma
El barrio de Roma elegido para celebrar la cumbre europea, construido en los años treinta por Mussolini, es de estilo desangelado y fascista. Una zona de por sí es bastante fría que ayer, vaciada de vecinos y coches, alcanzaba un estado casi glacial. El Gobierno de Silvio Berlusconi, obsesionado con la seguridad desde los trágicos días del G-8 de 2001 en Génova, ha decidido no correr riesgos y encerrar la cumbre a cal y canto en un perímetro suficiente para jugar varias ligas de fútbol simultáneamente. Cortó el metro y semicerró el aeropuerto. La marcha de los grupos antiglobalización, el punto culminante de las protestas previstas, concluyó frente al palacio de congresos donde se celebraba la cumbre con una carga policial. El balance fue de 8 detenidos, 9 heridos y lanzamiento de pintura y huevos a los agentes, que acabaron respondiendo con una carga y gases lacrimógenos. Dentro del salón, también había palos. Más finos, eso sí. Por el reparto de poder y por las convicciones. Seis países retaron a Chirac, laico entre laicos, al pedir una referencia expresa al cristianismo.