Diario de León

Un coronel iraquí asegura que la Embajada nunca comunicó la presencia del diplomático

La policía detiene al guardián de noche de Bernal para interrogarle

Una vecina le vio hablar con alguien en el interior de un Opel de color marrón oscuro

El padre de José Antonio Bernal lleva a hombros el féretro de su hijo

El padre de José Antonio Bernal lleva a hombros el féretro de su hijo

Publicado por
Javier Otazu - bagdad
León

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La policía iraquí cuenta con el testimonio de varios testigos para resolver el caso del agregado español José Antonio Bernal, asesinado junto a su casa el pasado jueves, y espera tener resultados concretos en una semana, dijeron fuentes policiales. El coronel Sabah Fadeh, jefe de la Comisaría Central del distrito de Karkh (toda la mitad oeste de Bagdad), dejó claro ante todo que el hecho de que la calle donde vivía Bernal estuviera desprotegida se debió a que «la embajada española nunca nos comunicó que ahí viviera un diplomático». El único representante español que cuenta con protección armada oficial es el jefe de la misión, a quien custodian cuatro geos enviados desde España. Los demás españoles deben procurarse la protección que ellos crean más conveniente. El guardián de noche del domicilio de Bernal, que dejó su puesto una hora antes del asesinato, se ha presentado voluntariamente a declarar y ha sido detenido en calidad de testigo, no de sospechoso, aclaró el coronel. La detención se debió al testimonio de una vecina de Bernal, que aseguró que el guardián se había entrevistado dos días antes del crimen y en la misma calle con alguien que se encontraba dentro de un coche Opel de color marrón y con matrícula extranjera. Estas características coinciden con la descripción que los policías presentes en la calle dieron del vehículo donde viajaban los cuatro hombres que asesinaron a Bernal de un tiro en la nuca cuando intentaba huir. Estos dos policías han sido también convocados por los investigadores para poder trazar un «retrato robot» de los hombres que acabaron con la vida del agregado español de Información, pero en principio están fuera de toda sospecha. Por último, queda por interrogar a fondo a la sirvienta que trabajaba con Bernal, aunque ya ha sido oída en una primera declaración, dijo el coronel. Este responsable policial, que se personó en el lugar de los hechos cuando el cadáver de Bernal aún yacía desangrado en el suelo, ha asignado para el caso a dos oficiales apoyados por varios asistentes, ya que considera que este es un caso importante dado el cargo de la víctima. Fadeh no quiso adelantar si la policía privilegia la tesis del secuestro fallido o del asesinato, pues dijo estar «en un estadio muy preliminar de la investigación». El coronel adelantó dos ideas sobre las que trabajan: que los atacantes parecen todos iraquíes, no extranjeros, y que el primer hombre que llamó a su puerta no era verdaderamente un clérigo chií, sino que iba disfrazado. Pese a ese supuesto disfraz, también aventuró su creencia de que Bernal conocía a alguno de sus asesinos. Aparte de los testigos, las únicas pruebas materiales con que cuenta la policía hasta ahora son tres casquillos de bala de 9 milímetros -probablemente de una pistola iraquí de marca Tarik- y las huellas dactilares recogidas en el timbre y en el portón de la casa donde vivía Bernal. Asegura el coronel que la policía tiene bancos de huellas dactilares que pudieron ser salvados de los destrozos y los saqueos tras la caída del régimen de Sadam, y que servirán para cotejar las huellas dactilares recogidas de casa del español. José Antonio Bernal vivía solo en una casa con un pequeño jardín que no contaba más que con la protección de un guardián de noche que no iba armado, aunque Bernal sí tenía al menos una pistola reglamentaria y, al menos en los meses inmediatamente posteriores a la guerra, también con un fusil AK-47, según confesó él mismo. La calle donde vivía estaba vigilada por dos policías, ambos sin armas, que se ocupaban además de custodiar una escuela cercana, pues ignoraban que allí viviera un extranjero.

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