| Análisis | La resistencia iraquí |
¿La última batalla de Sadam?
Nunca se supo tan poco de un enemigo que haya hecho tanto daño. El Pentágono empieza a hacerse preguntas como sí estaba la resistencia organizada antes de la guerra
«Los ataques han sido llevados a cabo por extranjeros, posiblemente de Al Qaida». Bagdad acababa de ser asolada por los atentados del domingo y el lunes y los portavoces se esmeraban por encontrar culpables. «No hay tantos extranjeros en el país, la resistencia la forman mayoritariamente iraquíes», negaba horas después el general de la Cuarta División de Infantería, Raymond Odierno. El miércoles por la noche alguien en la Casa Blanca filtraba el nombre de Izzat al Duri, el número dos de Sadam, como líder en la sombra de la resistencia iraquí. El jueves por la mañana, otra filtración señalaba que era el propio Sadam Huseín quien dirigía los ataques contra las fuerzas de la coalición. Palos de cieg o. «Nunca, en la historia de la lucha antisubersiva se supo tan poco de un enemigo que haya causado tanto daño», comentaba tras la escalada de la resistencia el analista de la BBC, Paul Reynolds. Más allá de las especulaciones existen algunos datos, pocos, que arrojan algo de luz sobre el fenómeno de la resistencia iraquí. Para empezar, las fronteras con Irak son un coladero. Si hay extranjeros que quieran luchar contra EE. UU., no tendrán dificultades para llegar al país. El recurso constante a los atentados suicidas parece hablar también de la implicación de grupos radicales. Pero frente ataques de tipo terrorista, hay otros con un corte mucho más militar: emboscadas, ataques a convoys, francotiradores. Estas acciones, y no las otras, son los que soportan el mayor peso de la resistencia. «No nos olvidemos de que quedan miles de soldados entrenados como guardias republicanos. Esa gente sabe bien cómo realizar un ataque», comenta un militar español. Muchos de los que integran hoy la resistencia pertenecían a la Muhabarat, los servicios secretos y la inteligencia. Irak es, además, un país con más de nueve millones de armas que han quedado en manos de civiles.