Al Qaida cambia de estrategia

Bin Laden ha encontrado la forma de contraatacar entre tanta persecución. Más que un grupo terrorista como tal, se ha convertido en una ideología para los extremistas

Publicado por
David Beriain - redacción
León

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Para llevar a cabo los atentados del 11 de septiembre hicieron falta años de planificación, militantes yendo y viniendo de Afganistán con vídeos y fotos de los objetivos, reuniones de los líderes de la organización, muchos correos electrónicos y algunas llamadas vía satélite. Para los últimos atentados de Turquía, Arabia Saudí, Marruecos o Irak, que también llevan su firma, el tiempo de preparación se acortó a unos pocos días y la implicación de los líderes -si la hubo- se redujo a una orden general. Sometida a una caza a escala mundial, Al Qaida ha cambiado su estrategia. Siempre se caracterizó por una fuerte descentralización, pero ahora esta tendencia ha sido llevada al extremo, hasta convertirse en una alianza de células te-rroristas autónomas que no reciben más que un apoyo limitado de la dirección. A veces financiación, a veces consejo, a veces apoyo técni-co, pero en la mayoría de los casos sólo inspiración. «Al Qaida como ideología es ahora más fuerte que Al Qaida como organización. Y yo creo que están teniendo éxito. Ya no están a la defensiva, están en plena ofensiva», comentaba esta semana a Los Angeles Times Musatafa Ala-ni, miembro del Insituto Real para Estudios de Seguridad y Defensa del Reino Unido. En los atentados de Casablanca, en los que murieron 41 personas de las que tres eran españolas, los investigadores han descubierto que la trama fue casi totalmente local. Los doce suicidas, jóvenes de poco más de veinte años, salieron de grupos marroquíes. Sin embargo, quienes prepararon los explosivos y señalaron los objetivos (los suicidas sólo los supieron la noche antes) habían sido entrenados en los campamentos de Afganistán. Este es el germen que hace que Al Qaida siga representando una amenaza de primer orden. Ha dado preparación a suficientes militantes como para seguir golpeando a sus enemigos en todo el mundo. Ellos reclutan a los suicidas. De éstos sólo demandan que estén dispuestos al sacrificio. A veces, ni eso. En Casablanca, la policía encontró un detonador en cada una de las manos de uno de los terroristas. El de la derecha accionaba los explo-sivos que cargaba a la espalda. Con el de la izquierda los de uno de sus compañeros, por si a éste le faltaba el valor. Los últimos atentados carecen de dificultad de los de las Torres Gemelas, pero tienen un contenido simbólico. En el del sábado, templos judíos. En el de ayer, intereses del Reino Unido, el país que visita Bush. Para algunos, como el especialista de Instituto Real Británico de Relaciones Internacionales, Maha Azzam, esto revela cierta impotencia de la organización. «No han sido capaces de infiltrarse en Gran Bretaña y optaron por blancos más vulnerables en otros lados», dijo. Otros, como el experto Timothy Garden, creen que la elección del lugar también es significativa. «Turquía es considerada como un modelo de Estado musulmán que puede convertirse en una democra-cia, por eso es vulnerable a los ataques», comentó. Los atentados ahora no son tan ambiciosos como los del 11-S, pero lo importante es seguir golpeando. Donde y como se pueda. En la mentalidad del sehid, del mártir suicida, el objetivo estratégico no es importante. El triunfo lo da la muerte en la yihad, la guerra santa, porque eso es lo que complace Alá. Y será Alá quien otorgue la victoria.

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