La lluvia y un fuerte viento acompañaron al dolor de los familiares de los fallecidos
Los agentes fallecidos reciben un sobrio homenaje en la base de Torrejón
La capilla ardiente está instalada en el Hospital Central de Defensa que estará abierta dos días

Representación del Gobierno en Torrejón para recibir a los muertos
Con dolor y emoción fueron recibidos en Madrid los cuerpos de los siete agentes del Centro Nacional de Inteligencia asesinados el sábado en Irak. La capilla ardiente quedará instalada en el Hospital Central de la Defensa, que permanecerá abierta a lo largo de este lunes, y el martes, previsiblemente, tendrán lugar los funerales en la sede central del CNI. El día será declarado de luto nacional, según anunció este domingo el presidente del Gobierno, José María Aznar. El avión que trasladó de regreso a España los cadáveres aterrizó en la base aérea de Torrejón de Ardoz a las siete de la tarde. Los primeros en descender fueron el ministro de Defensa, Federico Trillo, y el director del CNI, Jorge Dezcallar. Diez minutos más tarde, los féretros con los restos fueron bajados del aparato cubiertos por la bandera nacional y recibieron un primer homenaje a pie de pista. Una intensa lluvia y un viento fuerte acompañaron la fría recepción, ya de noche cerrada, en la que los familiares de las víctimas intentaron a duras penas contener su dolor. Junto a los fallecidos regresaba a España José Manuel Sánchez Riera, el único agente de los atacados que consiguió sobrevivir al atentado, que sufre sólo una herida leve en el costado y se encuentra bien anímicamente. El avión, un Airbus A-310 del Ejército del Aire, había partido a las 11.30 de la mañana, hora española, desde el aeropuerto internacional de Kuwait. Hasta allí fueron trasladados desde el tanatorio situado en el aeropuerto de Bagdad a bordo de un Hércules C-130, que despegó a las nueve de la mañana del aeródromo de la capital iraquí y llegó a Kuwait a las 10.30. os féretros fueron bajados por el portón trasero del avión y colocados en sendos túmulos cubiertos por banderas nacionales. Una pareja de soldados de la base aérea flanqueó cada féretro, tras los que se colocaron compañeros de trabajo de los fallecidos. A pie de pista les esperaba un cordón de la Policía Militar, que les rindió honores.