Un juez impide que se vacune forzosamente de ántrax a las tropas noteamericanas
Los soldados estadounidenses recibieron ayer, martes, la segunda buena noticia de la semana, después de que la revista Time les nombrase personaje del año. Un juez federal dictaminó que el Pentágono no puede forzarles a vacunarse contra el ántrax. La polémica vacuna, aún en desarrollo, fue implantada en los soldados estadounidenses que participaron en la Guerra de Irak, así como en los periodistas empotrados y equipos médicos. En total, desde 1998, el Departamento de Defensa calcula que ha sido inyectada en un millón de personas. El Pentágono defiende la seguridad de la misma contra el ántrax inhalado, pese a que tras la primera Guerra del Golfo muchos de los que la recibieron sufrieron extrañas enfermedades y malformaciones en sus descendientes, en lo que fue calificado como «el síndrome del Golfo». El juez Emmet Sullivan atajó las discrepancias determinando que la vacuna del ántrax sigue estando en investigación, por lo que «Estados Unidos no puede pedirle a sus Fuerzas Armadas que también le sirvan como conejillos de indias», escribió el magistrado. Durante el proceso iniciado por seis personas, el Pentágono ha presentado informes que demuestran que sólo 105 de 830.000 soldados presentaron reacciones adversas tras ser inoculados con la vacuna. Sin embargo, el juez insiste en su sentencia en que «es imposible saber con certeza cuáles serán los efectos a largo plazo». Para el Ministerio de Defensa es una cuestión de seguridad nacional, ya que «luchamos y ganamos como equipo», se defendió durante el proceso. «Si varios miembros del equipo caen víctimas del ántrax, están comprometiendo la seguridad del resto».