La última cena

Bush y Aznar dicen adiós a una estrecha relación política durante el último viaje oficial del jefe del Ejecutivo español a Estados Unidos antes de abandonar la Moncloa

Aznar y Bush posan en el despacho Oval de la Casa Blanca

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Magis Iglesias - washington
León

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George Bush engalanó un comedor de la Casa Blanca para despedir a su amigo José María Aznar, pero fue sólo para decirle adiós como jefe del Gobierno de España. Seguirá recibiéndole en la sede de la Presidencia norteamericana cuando sea ex presidente porque «nuestra amistad está por encima de los cargos». Con estas palabras, Bush junior despidió a Aznar en una conversación mano a mano, celebrada en el emblemático Despacho Oval. Después, ambos se reunieron con sus esposas e hijos en una cena a la que acudieron casi medio centenar de invitados. «Fue una cena oficial porque había muchas autoridades invitadas, pero también de amigos, no en vano estaban sus familias», explicó un portavoz de La Moncloa para definir la reunión. George y Barbara Bush llevaron a una de sus hijas, mientras que el presidente español y Ana Botella asistieron acompañados de su hijo José María, que reside en Nueva York desde hace algunos años. El presidente norteamericano invitó a destacadas personalidades de su Gabinete, como Donald Rumsfeld, Collin Powell, Condoleezza Rice, o el fiscal general John Ashcroft. Después de cenar y escuchar un pequeño concierto, las dos familias se reunieron en la zona privada de la residencia presidencial. Apenas unos minutos antes de que diera comienzo la cena, el inquilino de la Casa Blanca había confesado ante la prensa -en presencia de un José María Aznar azorado, vestido con traje oscuro de raya diplomática, camisa blanca y corbata azul pastel- que estaba triste porque se iba su amigo. Fue entonces cuando aprovechó la ocasión para darle las gracias en público «por su liderazgo, valor, sabiduría y siempre sabios consejos», como colofón de una experiencia que empezó en los Montes de Toledo, cuando el presidente norteamericano visitó Europa por primera vez y eligió España como primer destino. En el «rancho» de Quintos de Mora, Aznar se llevó a su invitado a dar un largo paseo en el que le explicó sus ideas sobre la necesaria firmeza para luchar contra el terrorismo y la determinación sin dudas que es preciso mantener para liderar un país por el buen camino. Bush encontró con su interlocutor muchas coincidencias y por eso siempre ha confesado que admira el strongly (fuerte, firme) liderazgo del presidente español. «Estoy triste porque creo que nuestro tiempos juntos ha sido sumamente productivo para el pueblo de España, de Estados Unidos y para todo el mundo», se lamentó a la hora de la despedida Bush junior. «Soy amigo del presidente Bush, lo he sido durante el tiempo que he sido presidente del Gobierno y lo voy a seguir siendo», le dijo a su vez Aznar, quien le prometió que siempre podrá contar con «un amigo para trabajar por un mundo mejor para todos». Aunque dijo que no se trasladará a vivir a los Estados Unidos, sin duda éste será uno de sus destinos preferidos en el futuro, «como presidente pasado», tal y como lo definió Bush en un esfuerzo por practicar el español. No es de extrañar que se sienta cómodo en un país en el que le elogian y aplauden por la solidaridad mostrada durante la guerra de Irak y donde le llegaron a preguntar por su misión divina. Ocurrió en el solemne salón de actos de la universidad de Georgetown, durante el coloquio que siguió a su conferencia, cuando uno de los asistentes quiso saber si «¿tiene Dios un papel fundamental que España pueda desempeñar en la guerra contra el terrorismo y el encuentro entre las culturas cristiana y musulmana?». «Tenemos las cosas bastante complicadas en la tierra, así que no hace falta subirse a los cielos», le replicó el presidente español.

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