Diario de León

La guerrilla de la república separatista niega cualquier implicación en el atentado que dejó además más de cien heridos

Putin culpa a los chechenos del ataque con 40 muertos en el metro de Moscú

La brutal explosión reventó el vagón que iba a 60 kilómetros por hora y lo arrastró 300 metros

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José Antonio Sanz - moscú
León

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El atestado metro moscovita se convirtió ayer en blanco terrorista, con un atentado que costó la vida al menos a 40 personas, con el separatismo checheno y las elecciones presidenciales rusas como telón de fondo. El ataque no ha sido reivindicado, pero para el presidente Vladimir Putin no cabe duda de que los autores son chechenos. Rusia «no negocia con terroristas, los aniquila», fue el contundente mensaje de Putin. Aslán Masjádov, el «presidente» de Chechenia deslegitimado por Moscú, negó cualquier implicación. Según los datos oficiales, 40 personas murieron, 113 fueron hospitalizadas (21 de ellas en estado de extrema gravedad y 13 graves) y decenas de otros pasajeros sufrieron heridas de menor consideración. Los equipos de rescate elevaron los fallecidos a medio centenar. Como un barril reventado La lista de víctimas fue aumentado a medida que eran identificados los restos humanos esparcidos tras la brutal explosión, ocurrida a las 8.32 hora local (6.32 en España) en un convoy que circulaba entre las estaciones de Pavelétskaya y Avtozavódskaya. El reducido es-pacio cerrado donde se produjo la deflagración multiplicó su potencia, de modo que la onda expansiva reventó el vagón. «Parecía un barril reventado, sus puertas se abrieron como alas de mariposa y tratamos de no mirar hacia dentro», relató Mijaíl, uno de los pasajeros que logró salir con vida de una travesía que realiza a diario. En el momento del ataque, el tren se desplazaba a unos 60 kilómetros por hora, por lo que tras la explosión recorrió unos 300 metros arrastrando por delante los dos primeros vagones desgarrados y defor-mando el tercer vagón. En medio del irritante humo y el olor a plástico y carne quemada, Mijaíl recorrió casi dos kilómetros junto con otros centenares de pasajeros, hasta poder salir a la superficie. Los equipos de rescate y los bomberos, que acudieron al lugar unos 30 minutos después de la explosión, sí tuvieron que afrontar el dantesco cuadro de trozos humanos esparcidos entre hierros retorcidos y cenizas regadas de sangre. Algunos res-tos fueron recogidos hasta de los techos de los vagones. La Fiscalía General de Rusia no tiene dudas: «la huella chechena» está detrás del acto terrorista, por el que se busca a un hombre y dos mujeres de aspecto caucasiano, cuya presencia detectaron las cámaras del metropolitano poco antes de producirse el atentado. La policía difundió el retrato de un tipo mal encarado, de indudable aspecto sureño, que poco antes de la explosión anunció a una empleada del metro que pronto habría una «sorpresa». Las fuerzas de seguridad manejan distintas hipótesis, desde que se trate de un kamikaze a que los autores del atentado introdujeran y abandonarán en el vagón su explosivo, posiblemente dentro de una maleta. Si se confirma que el autor de la masacre se inmoló, hay que señalar directamente al jefe guerrillero checheno, Shamil Basáyev, uno de los activistas radicales más sanguinarios e irreconciliables. Él mismo se atribuyó el atentado en el hotel Nacional de Moscú del pasado mes de diciembre, el doble ataque suicida del pasado verano durante un macroconcierto de rock, también en la capital rusa, y el secuestro en el teatro Dubrovka.

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