El Ejército admite un posible «error» en la operación que mató a 20 palestinos en Rafá y abre una investigación oficial
Israel provoca una matanza de civiles al disolver con misiles una manifestación
Las víctimas, la mayoría niños y adolescentes, asistían a una protesta pacífica

La llamada operación Arco Iris sobre las nubes, eufemismo con el que el Ejército israelí decidió llamar al asedio militar que inició hace días sobre la población de Rafá, en la frontera de Gaza con Egipto, cubrió ayer de nuevo de sangre las calles polvorientas de esta ciudad donde malviven unas 145.000 personas, de las que 87.000 son refugiados. Más de 3.000 personas se concentraban en la mezquita, en torno a la que se encuentran varias escuelas, para iniciar una marcha de protesta hacia el cercano barrio de Tel al Sultán, donde las tropas israelíes mataron a 20 personas el pasado martes y declararon el estado de sitio. Cuando la muchedumbre iniciaba la marcha, varios helicóp-teros Apache lanzaron al menos tres misiles al tiempo que varios tanques disparaban cuatro obuses en el momento en el que numerosos niños abandonaban los centros escolares. La tragedia dejó una veintena de muertos, la mayoría niños y adolescentes, y más de 60 heridos, muchos de ellos en estado crítico. Colapso en los hospitales Las autoridades palestinas advirtieron de la dificultad de evaluar el número de víctimas debido al colapso sanitario de Rafá, que hasta ayer se encontraba incomunicada del resto de la franja de Gaza, y numerosos heridos tuvieron que ser trasladados a centros médicos del cercano Egipto en una situación humanitaria que calificaron como «crítica», ya que el Ejército cortó hace días el suministro de electricidad y de agua. El responsable del hospital de Rafá, Moawiya Hassanain, alertó de que no pueden controlar la situación y que «ningún hospital del mundo podría hacerlo». En medio del caos, la organización no gubernamental Médicos por los Derechos Humanos denunció el bloqueo de sus ambulancias en la cercana ciudad de Jan Yunis, a las que el Ejército impide viajar hasta Rafá para socorrer a los heri-os, lo que contradice la versión oficial israelí que asegura haber abierto la carretera para permitir el paso del transporte sanitario. El ministro de Sanidad palestino, Jalad al Tibi, que condenó «los asesinatos de gentes que se manifestaban pacíficamente», declaró el estado de emergencia y la movilización de todos los recursos médicos. Los mandos militares, que en principio justificaron la acción por la presencia de militantes armados entre los manifestantes, reconocieron más tarde que pudo deberse a un «error», que -egún admitieron-podría afectar al curso del actual asedio militar a Gaza y abrían una investigación. En Israel, la oposición al Gobierno de Sharon condenaba en bloque lo que calificaron de «masacre», críticas que llegaron con mayor dureza desde los tres partidos árabes con representación parlamentaria, mientras en Haifa, al norte del país, cientos de árabes y judíos se manifestaban unidos para mostrar su repulsa. Según el recuento de una organización independiente estadounidense, desde hace tres años y medio han muerto 593 civiles israelíes, incluidos los muertos en atentados suicidas, y 2.177 civiles palestinos, todos en acciones del Ejército. Algunos rabinos radicales sostienen que todos los palestinos son sospechosos y que es lícito matarlos en una «situación de guerra». Esta ideología está muy extendida entre los jóvenes que estudian en las escuelas rabínicas de los territorios ocupados, de donde salen un gran número de soldados.