Un general de dos estrellas y un coronel habrían dado el visto bueno a las torturas
Un informe implica al alto mando en el uso de perros en Abu Ghraib
Pese a que el escándalo de las torturas en Abu Ghraib lleva una semana olvidado en EE.UU. bajo los titulares generados por la muerte del ex presidente Ronald Reagan, sin duda hoy, una vez concluidos los funerales, y para desgracia de Bush, comenzará a hablarse nuevamente de las atrocidades perpetradas en la cárcel iraquí, sobre todo de la denuncia que ayer hacía The Washington Post. Según el diario estadounidense, la utilización de perros para asustar a los detenidos durante los interrogatorios fue algo sistemático, lo que demostraría que la inteligencia militar estaría mucho más implicada en las torturas de lo que inicialmente quiseron admitir tanto el Ejército como la Casa Blanca. Según documentos clasificados relacionados con la investigación que se está llevando a cabo, un general de dos estrellas habría dado el visto bueno al uso de perros en los interrogatorios de Abu Ghraib. Mikel J. Smith y Santos A. Cardona, los soldados responsables de dos de los animales que se han hecho tristemente famosos por aparecer en diversas fotografías intimidando a prisioneros, aseguran en sus declaraciones que el coro-nel Thomas Pappas, a cargo de la inteligencia militar en Abu Ghraib y de momento sólo amonestado administrativamente, les habría dado permiso para participar en interrogatorios realizados en enero y diciembre pasados, a pesar de que el Ejército dijera tras el descubrimiento de los abusos que algo así sólo podría ocurrir con la autorización expresa del general Ricardo Sánchez, responsable de las tropas estadounidenses en Irak. Pero Smith y Santos, que no han sido acusados de nada, -«su caso está siendo investigado», según le dijo a The Washington Post una portavoz del Ejército-, no se habrían limitado a asustar a prisioneros acercándoles los perros sin bozal a tan sólo diez centímetros, sino que en algunos casos los lanzaron a moder y a algo más. Puro medio «Un día me acerqué a una celda y al preguntar qué pasaba -había dos perros y dos reclusos arrinconados contra la pared- me dijeron que estaban haciendo un concurso para ver cuántos prisioneros conseguían que se orinaran encima de puro miedo», afirma el oficial de la inteligencia Harold Ketzer en el informe al que ha tenido acceso The Washington Post. Los perros eran parte de equipos de seguridad dedicados a la búsqueda de explosivos, armas y contrabando. Pero de confirmarse las denuncias hechas por el citado diario y apoyadas por las declaraciones del soldado Williams Kimbro, que se negó a que su perro fuera parte de los abusos, quedaría claro que las torturas que se cometieron en Abu Ghraib fueron de dos tipos: por un lado estarían las humillaciones sexuales y los malos tratos perpetrados por la policía militar -de momento sólo se ha procesado a siete soldaddos rasos-, y, por otro, el uso de animales para intimidar, conectado a la inteligencia militar, cuya única baja, aunque no directa, ha sido el director de la CIA, George Tenet.