Edwards se encargó de convencer de que es el hombre fuerte que necesita el país
Kerry está dispuesto a demostrar que puede dirigir Estados Unidos
Expuso a los asistentes durante una hora y media todas sus armas electorales Un libro anti-Kerry se convier
Durante cuatro días los demócratas de todo el mapa estadounidense se han dedicado a caldear el ambiente en la Convención de Boston para el gran momento, que llegó anoche, cuando John Kerry, el finalmente oficial candidato a la presidencia por el partido demócrata, hizo su gran aparición pública en el Fleet Center y se dirigió a sus delegados, y al país entero, durante casi una hora. Al cierre de esta edición el aspirante a la Casa Blanca había ensayado por la mañana concienzudamente un discurso en el que entre otras cosas explicaría quién es, qué ha hecho y por qué se considera apropiado para ocupar la Casa Blanca ante un país que, por mucho que pueda sorprender, también está habitado por ciudadanos que a estas alturas aún no conocen el nombre del candidato demócrata a la presidencia. (Esta corresponsal lo experimentó esta semana en Nueva York). La idea con la se ha ido preparando el terreno durante estos días es que John Kerry es un hombre de probada eficacia y liderazgo para dirigir un país que tras enterrar a su antiguo y temido enemigo comunista, ahora se enfrenta a una entidad aparentemente mucho más resbaladiza y peligrosa: el terrorismo. Ese enemigo, que Bush está utilizando como su principal argumento para venderse de cara a las proximas elecciones, es el que ha obligado a todo el ala demócrata a organizarse para construir una imagen de Kerry que le dé la suficiente confianza al electorado para que se atreva a convertirlo en el hombre que vele por su seguridad durante los proximos cuatro años. La prueba de fuego Sin embargo, era el propio candidato el que ayer tenía que enfrentarse a la prueba de fuego, la de demostrar con sus palabras y sus actitudes que se merece el puesto al que aspira en las próximas elecciones. Los ataques contra Bush se preveían como han marcado los cánones de esta convención demócrata. Y las grandes frases electoralistas en materia de política exterior. John Edwards, el aspirante a vicepresidente, puso su grano de arena el miércoles por la noche, cuando le tocó a él su presentación 'en sociedad'. En su discurso, que siguió las pautas populistas que le hicieron célebre durante las elecciones primarias, definió a su compañero de ticket como un hombre "de carácter, fuerte. ¿No es eso lo que buscamos en un comandante en jefe?". Edwards, también invitó a los estadounidenses a "rechazar las cansadas, viejas, cargadas de odio y negativas políticas del pasado para abrazar la política de las esperanza". Porque en el fondo, lo que los demócratas venden este año es el cambio, al estilo de los socialistas españoles el 14M.