Diario de León

| Análisis | Los atentados del 11-S simbolizan el nacimiento de un nuevo orden geopolítico |

Los tres primeros años de una nueva era 2001 2002 2003 2004

Con el pretexto de combatir el terrorismo, Bush ha roto el tradicional equilibrio de poderes reforzando la primacía del ejecutivo y ha asestado un duro

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Tino Novoa - león
León

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Probablemente, los libros de texto del futuro señalarán los atentados del 11-S como el inicio de una nueva etapa histórica, de la misma manera que la Revolución Francesa representa el comienzo de la Edad Moderna y el atentado de Sarajevo que desencadenó la Primera Guerra Mundial abrió lo que hasta ahora hemos denominado la Edad Contemporánea. Es seguro que las acciones terroristas de hace tres años no son motivo suficiente en sí mismas para cambiar el mundo, pero sí ofrecen el impacto emocional necesario para simbolizar el arranque de un incipiente sistema polìtico mundial que se viene gestando al menos desde la caída del Muro de Berlín. La globalización económica inducida por el hiperdesarrollo tecnológico demanda un nuevo orden geopolítico que asiente las bases necesarias para su consolidación histórica. En este contexto, el 11-S constituye la excusa perfecta para, en lo internacional, afianzar a Estados Unidos como la superpotencia única. Se entierra así no sólo el mundo bipolar de la guerra fría sino el multilateralismo demandado ingenuamente por las potencias medias, carentes de la capacidad económica, tecnológica y, muy especialmente, política para contrarrestar el poderío expansionista norteamericano. En esta nueva etapa, el terrorismo internacional sustituye al bloque soviético como el símbolo que justifique la agresiva política exterior del gobierno de Bush. No casualmente, los países del denominado eje del mal disponen de las mayores reservas petrolíferas del mundo, pero también representan una cultura tradicionalista, hermética y arcaica que casa mal con el nivel de apertura, movilidad y capacidad de cambio que requieren la tecnocracia imperante en el mundo desarrollado. En lo interno, la amenaza terrorista ha servido como justificación, interiorizada por una gran parte de la población mundial, para la puesta en práctica de políticas destinadas a reforzar el control social, limitar las libertades individuales y afianzar el poder ejecutivo en detrimento tanto del legislativo como del judicial. El equilibrio enunciado por Montesquieu como garantía democrática ha pasado a mejor vida. Estos cambios pueden rastrearse tras acontecimientos y decisiones que han marcado los tres años transcurridos desde que un grupo de fanáticos de Al Qaida estrellaran, el 11 de septiembre del 2001, sendos aviones contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono. Ésta es la cronología de los hechos que han marcado el inicio de una nueva etapa histórica.

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