La sombra del rehén británico oscurece la conferencia laborista
El primer ministro británico, Tony Blair, tendrá que pronunciar hoy, en el curso de la conferencia laborista anual, uno de los discursos más importantes de su carrera, porque en el telón de fondo se entrecruzan la sombra del rehén británico en Bagdad, la creciente impopularidad de la guerra en Irak y la sospecha de que él se ha convertido en un obstáculo para una tercera victoria laborista. La conferencia se desarrolla en una atmósfera distinta a la del pasado año. Entonces, la pugna entre Blair y su ministro de Hacienda, Gordon Brown, para liderar al movimiento laborista, emergió visiblemente. Ayer, Brown pronunció su discurso a la conferencia y sólo políticos avezados y periodistas curtidos podían apreciar los matices de la contienda subterránea. El ministro escocés, hijo de un predicador presbiteriano, subrayó la tendencia de este laborismo a la evangelización política, pero acaparó para su persona los logros en la gestión del país. «No ha nombrado a Tony ni una sola vez en su discurso», comentaba un joven turco del Nuevo Laborista. No era cierto. Brown nombró a Blair dos veces. Pero no nombró ni una sola vez la palabra Irak. La primera mención a su líder fue en el primer y obligado párrafo. Brown mostró su simpatía con la familia de Ken Bigley, el rehén británico que emite desde su cautiverio desesperados mensajes a Blair para que le ayude.