Downing Street analiza cuáles son las consecuencias políticas para Blair
El rehén británico huyó antes de ser atrapado y decapitado
Bigley logró escapar durante media hora con la ayuda de uno de sus secuestradores

Un policía británico se suma al minuto de silencio en Liverpool por el asesinato de Bigley
La sociedad británica, sobrecogida por la decapitación del rehén Kenneth Bigley en Irak, despertaba ayer a nuevas revelaciones sobre la manera en la que se produjo su muerte en manos del grupo radical del islamista Abu Musab al Zar-qawi. Fuentes del Gobierno iraquí confirmaron a la BBC que el pasado jueves Bigley logró escaparse con la ayuda de uno de los secuestradores de la granja en la que estaba capturado posiblemente a las afueras de la ciudad de Latifiya, al suroeste de Bagdad. El ingeniero británico de 62 años no logró siquiera llegar a las calles de la ciudad. A la media hora de la fuga, fue capturado por sus secuestradores y es posible que el propio Al Zarqawi fuera el hombre que, a los pocos minutos, blandió un gran cuchillo que tenía en su cintura y rebanó el cuello de Bigley mientras este último imploraba que se le perdonara la vida. La suerte de su cómplice se desconoce. El Foreign Office declinó confirmar la fugaz fuga del rehén, pero negó que hubiera sido decapitado tras un fallido intento de rescate. En el vídeo, el verdugo de Bigley culpa al Gobierno de Londres por no responder a su exigencia de poner en libertad a las mujeres presas en Irak. El viernes, el Gobierno de Tony Blair, acuciado por la presión de los que le acusan de la muerte del ingeniero, confirmó que en los últimos días habían intercambiado «mensajes» con los secuestradores a través de un intermediario, pero que éstos no renunciaron a obtener la liberación de las presas iraquíes. Liverpool vivió el viernes su noche más triste desde la muerte de 96 seguidores del club de fútbol de la ciudad hace quince años. En la jornada de luto oficial, alrededor de 200 personas se concentraron para guardar dos minutos de silencio. Gente de todas las culturas y religiones participaron en los actos, entre ellos los líderes musulmanes del Reino Unido que se reunieron en una mezquita de Birmingham y condenaron públicamente la ejecución. Y mientras en Downing Street se analizan cuáles pueden ser las consecuencias políticas de la muerte de Bigley, la embajada en Bagdad trataba de recuperar el cuerpo del rehén para su repatriación.