En este pueblo de 700 habitantes los visitantes pueden encontrar cualquier cosa sobre Bush
Crawford venera a su vaquero y aprovecha el tirón turístico
El antiguo almacén de material agrícola ha sido tansformado en una tienda de recuerdos

El pequeño pueblo de Crawford se ha convertido ahora en un centro turístico dedicado a Bush
En el norte de Tejas hay dos puntos de interés turístico con un denominador común: ambos sirven para venerar a un líder político. En la Dealey Plaza de Dallas todo está igual que el 22 de noviembre de 1963, cuando John F. Kennedy fue asesinado, por no se sabe quien. El edificio desde el que disparo Oswald es ahora un museo oficial. Al otro lado de la plaza, en un bajo, se encuentra el Museo de la Conspiración. El punto mas concurrido es la loma de césped al lado de la carretera y la valla de madera tras la cual pudo situarse otro tirador. El lugar está lleno de guías que aseguran tener todas las claves y por diez dólares se ofrecen a revelar en exclusiva la versión que nadie jamás ha contado. Pero a la Dealey Plaza le ha salido competidor. Se trata de Crawford, un pueblo de 706 habitantes en el que jamás imaginaron ver llegar un día un autobús lleno de japoneses. Lo cierto es que Bush no tiene nada que ver con este lugar. Nació en Connecticut, de donde es originaria su familia, y vivió siempre en Houston, el lugar en el que su padre hizo fortuna con el petróleo. Muchos analistas han criticado su falsa pose de cowboy, argumento para una campaña de imagen que siempre le ha funcionado. Pero en Crawford casi nadie piensa así. Al lugar, perdido antes en el medio del oeste, se llega ahora por la Autopista George W. Bush, y las urbanizaciones de adosados denotan que aquí se debe vivir muy bien. El pueblo, en realidad, no es más que un cruce de carreteras con la estación del tren a un lado, el tendido eléctrico al otro, una gasolinera que hace las veces de taberna local y un antiguo almacén de material agrícola transformado en una fructífera tienda de souvenirs. Dentro, la imaginación de los diseñadores de merchandising no ha tenido límites. El turista se puede llevar a casa pequeños georgitos de latex, camisetas Jenna y Bárbara, señales de «Prohibido Moore»... La sección de discos ofrece música ambiente variada: del «Gloria, gloria, aleluya» se pasa a una marcha militar y de ahí al himno de Tejas. Carteles contra Kerry La mejor esquina de la tienda, dominada por un inmenso oso de Alaska disecado, es para la armería, y esta decorada con carteles de la Asociación Nacional del Rifle que ponen a caldo a Kerry. En un lateral, rodeado de aves disecadas y banderas estadounidenses, hay una especie de altar en el que el turista se puede fotografiar con la Santísima Trinidad del Universo Bush: papa George, mama Bárbara y el ilustre habitante del pueblo. A Laura, que es de Dallas, le deben tener un poco de pelusa, por urbanita. Al cargo de la tienda esta Brooke Marshall, que asegura ser republicana desde antes de la llegada de los Bush. «Ha puesto a Crawford en el mapa y es una de las razones para votarle. Aunque yo le apoyo porque es un hombre muy bueno», explica, mientras despacha unas camisetas de Sadam Husein a una pareja de Los Angeles. Brooke jamás ha hablado con el presidente: «Estuvieron una vez sus hijas, pero no se llevaron nada». Donde si aseguran conocerle es al otro lado de la calle, en el bar del gasolinera: «Ha venido varias veces a tomar una taza de café, pero no es fácil, por cuestiones de seguridad. En una ocasión me dijo que a el gustaría venir todos los días, pero es un hombre ocupado», razona Frank, el dueño de la taberna, para quien una sola razón es suficiente para volver a votarle: «En este país tuvimos una guerra y este presidente la llevo al otro lado del mundo y acabo con el problema». La Casa de la Paz Cruzando las vías del tren, en la salida del pueblo, se encuentra el lugar mas pintoresco de todos. Es la Casa de la Paz, una oenegé cuya ubicación no es casual. «Es un símbolo, explica Joshua Collier, el joven al cargo de la casa. En este pueblo, el 82% de la gente apoya a Bush y hemos venido para transmitir un mensaje de paz». No debe de ser fácil. Al margen del famoso rancho, el lugar se las trae. A menos de 50 kilómetros de aquí está Hunts-ville, la cárcel con el mayor corredor de la muerte del país. Más cerca aún se encuentra Fort Hood, la mayor base militar de EE.UU en la que hay una iglesia de Cristo, otra Baptista y otra Presbiteriana.