Arafat seguirá conectado a la vida
Los médicos franceses que atienden a Yaser Arafat no consideran justificado desconectar las máquinas que le mantienen artificialmente con vida en la unidad de cuidados intensivos del hospital militar Percy, a las afueras de París. El presidente palestino se encuentra sumido en un coma profundo desde hace cuatro días pero sin indicios de sufrir «lesiones cerebrales masivas y definitivas» que podrían dar opción a detener las técnicas de reanimación cardiovascular. El equipo médico sólo practicó un encefalograma al rais el pasado jueves que mostró «una ausencia de circulación sanguínea» en el cerebro. Los protocolos clínicos exigen realizar dos exámenes de ese tipo en un intervalo de cuatro horas para dictaminar una muerte cerebral irremediable. Pero se renunció a efectuar un segundo electro «a fin de que los médicos no se vean obligados a declarar demasiado rápido el fallecimiento». El asunto arroja una explicación verosímil al compás de espera abierto en torno a la agonía de Arafat ante el laconismo y la falta de concreción de los partes oficiales. En la jornada del sábado, el general-médico Christian Estripeau, responsable de comunicación del servicio sanitario de los ejércitos galos, se limitó a señalar que «no hay evolución en un sentido o en otro» en el estado de salud del moribundo. Esta escueta constatación de la situación de puerto muerto sirvió al menos para desmentir, por pasiva, las informaciones de que el paciente, de 75 años, había recuperado el conocimiento. El rumor fue propagado en Internet por la edición electrónica del periódico israelí Yediot Ajaronot en la que se afirmaba que había abierto los ojos y logrado comunicarse con sus médicos. Un allegado de Arafat, Munib Masri, inclusó afirmó a las puertas del hospital que estaba «consciente y estable» tras haber salido del coma, aunque admitió que no le había visto con sus propios ojos. En el hermetismo oficial pesan tres secretos: el médico, el militar y el de Estado. El restringido sistema de comunicación se encuentra bajo el total control de Suha Arafat, mujer del líder palestino. La ley francesa establece que, en caso de incapacidad del enfermo, sólo el familiar más próximo está habilitado a levantar el secreto médico.