Diario de León

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Bush y Sharón hablan de paz sin esperar a que los palestinos entierren a Arafat

Palestina entierra hoy a su líder histórico en Ramala con tierra traída desde Jerusalén

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María Esperanza Suárez - parís | corresponsal
León

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Honores militares en Francia, funeral de Estado en El Cairo y entierro popular en Ramala. El mundo se conmocionó ayer por la muerte de Arafat, pese a que se esperaba desde hace días. A las 3.30 de la madrugada, el corazón del líder palestino, máxima autoridad de un pueblo sin Estado, dejó de latir en el hospital militar de Percy, a las afueras de París, sin necesidad de desconectarlo del respirador artificial. La noticia se conoció dos horas después, cuando cuando las familias palestinas estaban reunidas para el suhur , la última comida que se permite en Ramadán antes de iniciarse el ayuno diario. Los territorios palestinos se sumieron en el estupor. Se habían quedado sin su líder. Casi inmediatamente, los gobiernos de Estados Unidos e Israel pronunciaron de nuevo la palabra paz, aparcada desde hace meses en sus discursos oficiales. El presidente norteamericano, George W. Bush, calificó en un comunicado la muerte de Arafat de «momento significativo en la historia de Palestina». Su Gobierno oculta a duras penas cierta satisfacción por la desaparición política de un líder que nunca se plegó a sus deseos. Los estadounidenses vieron ayer con sorpresa cómo Francia despedía a Arafat con los mismos honores que ellos dieron, por ejemplo, a Ronald Reagan. Mientras su pueblo lloraba, en Estados Unidos se vió una oportunidad para cerrar el conflicto que desangra a Oriente Medio. De la misma opinión fue el primer ministro israelí, Ariel Sharón, que guardó un prudente silencio durante algunas horas para terminar asegurando que se trataba de «un giro histórico» para Oriente Medio. Los restos mortales de Yaser Arafat abandonaron ayer territorio francés en un Airbus de la República gala junto a su viuda Suha y la totalidad de la delegación palestina que hace dos semanas lo acompañó hasta París para ser tratado de una enfermedad todavía no explicada. Su cadáver fue lavado y envuelto en un lienzo blanco sin costuras, según la tradición suní. Un helicóptero Puma del Ejército lo trasladó a primera hora de la tarde desde el hospital al aeropuerto militar de Villacoublay. «Viva Palestina», «Viva Arafat», gritaron como despedida cientos de personas congregadas en Percy para darle un último adiós. El primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin, y parte de su Gobierno y los embajadores árabes en la capital francesa acudieron a rendirle honores militares. Ocho guardias republicanos trasladaron el féretro, cubierto con la bandera palestina, desde el helicóptero a la rampa de carga del avión al paso de la marcha fúnebre de Chopin. Entre Raffarin y el ministro de Exteriores palestino, Nabil Shaath, Suha Arafat lloraba vestida de negro. No hubo discursos. El mensaje de despedida lo había asumido al filo del mediodía el presidente de la República, Jacques Chirac, quien veló al rais diez minutos en solitario para trasladar después su «amistad y solidaridad» y el compromiso de que Francia «continuará actuando por la paz» en Oriente Medio «en el respeto a los derechos de los pueblos palestino e israelí». Palestina guardará 40 días de luto. El cadáver de Arafat llegó anoche a El Cairo, donde hoy se oficiarán los funerales de Estado, una ceremonia de apenas 30 minutos a la que asistirán muchos ministros de Exteriores y pocos jefes de Gobierno. Después, será trasladado a Ramala, para ser enterrado en la Mukata.

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