Corazones a media asta
Nervios y dolor se apoderaron de los palestinos, quienes al conocer el deceso de Arafat de madrugada se echaron a las calles para mostrar el pesar por la pérdida del líder

Los bebés Yaser y Arafat, nacidos ayer
«Yaser Arafat ha muerto». La frase provocó un silencio escalofriante en la sala de conferencias de la Mukata de Ramala (Cisjordania) e incontenibles lágrimas de emoción entre los todavía somnolientos guardias de seguridad palestinos y escasos periodistas que asistieron al anuncio oficial de madrugada. Cuando aún no había amanecido, dos Mercedes negros transportando al secretario de la Presidencia, Tayeb Abdelrahim, y al ex ministro de Comunicación, Yaser Abed Rabo, entraron precipitadamente en el cuartel general de Yaser Arafat. En el interior del complejo, las luces se encendieron, la guardia personal de Arafat se movilizó y todo se precipitó. Con pulso nervioso, Abdelrahim sostenía el papel en el que había escrito su anuncio oficial de la muerte del dirigente y apenas consi-guió terminar sus palabras, sostenido por Abed Rabo, también lloroso. Minutos después, la noticia corrió como un reguero de pólvora. Poco a poco se hizo de día y centenares de palestinos se congregaron a las puertas del cuartel general del dirigente, con lágrimas en los ojos, abrazándose en silencio. La bandera palestina ondeaba a media asta y el trabajo incesante de las excavadoras que preparaban la tumba del dirigente les confirmaban que Arafat nunca volverá. «La noticia de la muerte de Arafat me ha provocado más dolor que la de mi hermano, un mártir asesinado por los israelíes», declaró Musa Jatab, de 25 años, apoyado contra un muro de la Mukata, envuelto en una bandera palestina. Un anciano cayó desmayado de la emoción, justo debajo de una imagen del rais haciendo el gesto de la victoria. «Arafat, quédate tranquilo, nosotros continuaremos con la venganza», coreaban algunos. Minutos después, el imán de la Mukata, Jamis Abdeh, llegó con semblante serio. Le seguía un grupo de muyahidines con el rostro cubierto y el pañuelo palestino. Un cielo negro sobrevuela Ramala «Arafat es más que un padre para mí», explica Amin Abbasi, empleado en una empresa de inversiones del Gobierno. A su lado, varias mujeres lloraban sentadas en el suelo, con las manos elevadas al cielo y varios posters con la imagen del rais palestino. Con el paso de las horas, las fachadas de Ramala se llenaron de banderas negras y las calles, de hogueras en señal de duelo. Las tiendas bajaron sus persianas. Los palestinos están de luto. Los muecines murmuraban los versículos del Corán, mientras la televisión difundía oraciones desgarradoras. La dirección palestina decretó un duelo nacional de 40 días, suspendiendo las fiestas del fin del Ramadán, que finaliza hoy. Cazas israelíes sobrevolaban Ramala a baja altura. «Ni siquiera respetan nuestro duelo», comentó un hombre. El Ejército israelí mató ayer a 6 palestinos en distintos sucesos ocurridos en Cisjordania y Gaza, según fuentes médicas y de la ANP. Caos en Gaza El caos reinaba en Gaza, así como en varias ciudades y campos de refugiados en la franja, sobre todo en Yabaliya, Yan Yunes y Rafá. Numerosas calles y carreteras quedaron bloqueadas por barreras de piedras y neumáticos en llamas, provocando embotellamientos. El humo negro cubría toda la ciudad, oscureciendo el cielo. Los disparos esporádicos también reflejaban el dolor y pesar. El fuego es un elemento fundamental en la conmemoración de la muerte en el mundo árabe. La policía estaba desplegada por todas partes, pero se limitaba a abrir camino a vehículos que pasan con las sirenas encendidas. También en Túnez, Siria, Argelia y el Líbano los palestinos se echaron a las calles en señal de duelo por la muerte del líder palestino, que exhaló su último suspiro en la capital gala en lugar de Ramala, donde había jurado morir tras ser confinado hace tres años por el «halcón» de Sharón. Hoy, un funeral de Estado será su última despedida oficial en El Cairo, antes de volver a su Mukata, donde será enterrado.