OPINIÓN
Más de lo mismo o peor
MÁS DE lo mismo o peor. Esa es la primera impresión que está transmitiendo el reelegido presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, con la configuración de su equipo para afrontar su segundo mandato en la Casa Blanca. En las últimas horas hemos conocido la elección de uno de esos duros, durísimos de las películas con una infancia terrible como justificación de unos comportamientos más que dudosos donde el fin justifica los medios. Bernard Kerik, el que era jefe de policía de Nueva York en el 11-S es el nuevo máximo responsable de la seguridad nacional de los Estados Unidos. Cabeza afeitada, bigote, policía militar en Corea, funcionario de prisiones y policía en Nueva York. El hábito no hace al monje, dice el refrán español y Kerik debe disfrutar de los cien días de rigor antes de enjuiciar su labor. El problema es que pocas horas después se conocía la decisión de Bush de confirmar en su cargo al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. La sorpresa ha sido relativa porque estos cargos se deben más a la confianza que tenga en ellos el propio Bush que los méritos profesionales. Si el resultado de la guerra en Irak computara para decidir la continuidad en el cargo de Rumsfeld, el no sería mayúsculo. Dejando a un lado su ideología neoconservadora y la de sus más directos asesores, el planteamiento militar en Irak fue un fracaso que hubo que rectificar sobre la marcha. Si a esto unimos que la diplomacia estará en manos de Condolezza Rice, las perspectivas del segundo mandato de Bush son más que preocupantes. Y eso que sus tres objetivos son: instituciones multilaterales con diplomacia y consenso, lucha contra el terrorismo y siembra de la democracia con resolución pacífica de conflictos (Irán, el palestino-israelí y Corea del Norte) y parar la proliferación nuclear. Bush ha escrito una carta a la UE pidiendo mayor colaboración. Es cierto que es el presidente reelegido por los norteamericanos con el que hay que entenderse pero otra pista es que el embajador norteamericano ante la ONU, considerado como moderado, ha dimitido. Incluso el propio Colin Powell ha salido en defensa del secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, que sufre una inesperada y furibunda campaña de desprestigio más que sospechosa.