Diario de León

El propietario había cerrado con candados las puertas de seguridad, por las que cabían camiones

Detenido el dueño de la discoteca argetina donde murieron 176 personas

El servicio de señoras era una improvisada guardería donde dormían bebés

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Marcela Valente - buenos aires
León

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«Buscaba desesperado por dónde salir pero estábamos a oscuras, no podía respirar y nunca llegaba a esa puerta», declaró un superviviente de la peor catástrofe no natural de la historia argentina: el incendio de una discoteca en el que murieron al menos 175 personas y quedaron heridas más de 700, 44 de ellas en estado crítico. «Había bebés y niños que no sé a quién se le ocurrió llevarlos», agregó el testigo entre sollozos. «Algunos se tiraban desde el primer piso en su desesperación por salir», añadió. El local, en donde se concentraba un número de personas cinco veces superior a lo permitido, tenía una puerta de emergencia de dos hojas extraordinariamente grande por donde podían salir camiones. Pero las dos hojas fueron trabadas con candados y alambres para evitar la entrada de quienes no abonaran la entrada. La misma avaricia de los propietarios que en Asunción (Paraguay) provocó la muerte de la mayoría de las 464 víctimas fatales del incendio de un centro comercial, en agosto. La tragedia comenzó cuando miles de jóvenes, algunos con hijos pequeños, fueron el jueves a la noche a la discoteca República Cromagnon en Buenos Aires para asistir al recital de Callejeros , un conocido grupo de rock. El local estaba habilitado para 1.300 personas, pero esa noche fatal se calcula que había cerca de 6.000. Niños y bebés durmiendo En el baño de señoras se había improvisado una guardería en la que dormían niños y bebés al cuidado de la empleada de limpieza, según revelaron distintos testigos. La mayoría murió por la inhalación de monóxido de carbono. «Mi hija de 10 meses se me cayó y la levanté, pero cuando llegué a la puerta había fallecido», contó desesperado un joven, herido en un brazo, que buscaba a su mujer en la morgue. El local no estaba autorizado para hacer recitales sino bailes, y mucho menos tenía permiso para el ingreso de criaturas, que fueron las primeras víctimas. El dueño, Omar Chabán, se fugó por unas horas pero finalmente se entregó a las Fuerzas de Seguridad. «¿Se van a portar bien?», interrogó el líder de Callejeros ante el micrófono antes de comenzar la actuación. «Sí», gritaron al unísono sus seguidores. Pero cuando sonaba el primer tema se lanzó un artefacto que disparó tres bengalas en distinta dirección, una de ellas sobre una red plástica que hacía las veces de techo sobre el grupo. En segundos, el fuego se propagó, la luz se cortó y sobrevino el caos. No hubo muchos carbonizados, la mayoría de las víctimas murió por la inhalación de gases tóxicos y los efectos de la estampida.

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