Diario de León

Hora de la reconstrucción

En la ciudad sureña de Galle, sus habitantes rebuscan entre los escombros. Ya no es para encontrar cadáveres, sino ladrillos en buen estado con los que volver a levantar sus viviendas

Dos hombres recogen ladrillos a las afueras de Galle, en la costa del sur de Sri Lanka

Dos hombres recogen ladrillos a las afueras de Galle, en la costa del sur de Sri Lanka

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León

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Viajar por la carretera que une Colombo con la turística ciudad sureña de Galle es dis-currir por una senda bordea-da de escombros. Los perros continúan esperando a sus dueños entre los esqueletos destruidos de lo que hasta hace poco más de dos semanas eran hoteles de lujo, resorts, pequeñas posadas y casas de pescadores rodeadas de palmeras. Los que sobrevivieron parecen haber comenzado a dar cuerda al reloj de su vida. Se les ve mirar entre las piedras. Pero ya no persiguen cuerpos, aunque en algunos lugares el olor continúe filtrándose en el aire. Buscan ladrillos que no estén dañados, útiles de hogar y cualquier cosa que pudiera ser rescatable. Es el primer escalón hacia la reconstrucción. Dentro de ese minucioso examen de los restos, el pillaje no está permitido. Aún así existe. Lo corrobora un policía apostado en la entrada de Phara Lia, un pequeño pueblo ubicado a unos cuarenta kilómetros al norte de Galle. En ese punto, el tsunami frenó en seco a la locomotora de la costa que cada día unía a la gran Colombo con la demandada Galle. Tardará en volver a hacerlo. El agua se llevó los raíles y los puentes. Grupos de operarios tratan de arreglar toda esa infraestrutura, básica para el desarrollo de la zona más turística del país. Los accesos a la costa Una de las prioridades del Gobierno tras el desastre fue abrir los accesos a las principales ciudades de la costa. Improvisó pequeños puentes de metal en aquellas áreas en las que el mar había podido con el asfalto. Circular por esa vía es como entrar en un parque temático en el que se muestran los efectos de las armas geofísicas de la naturaleza. Las ruinas que bordean la carretera forman un paisaje devastador. Aunque el este del país (la Zona Cero) ha sido donde se han registrado un mayor número de muertos y desaparecidos (en torno a 30.000), aquí el desastre es mucho más visual. En el este, el mar arrastró las pequeñas casas de madera de los pescadores y dejó las playas paradisíacas vacías y salpicadas de restos. Aquí, en la carretera que va hacia el sur de la costa oeste, los edificios de ladrillo derruidos han convertido el litoral en una gran escombrera. Esa misma imagen se repite al entrar en la capital de Galle. Ese distrito en poco más de veinte minutos pasó de ser el área con mayor número de establecimientos turísticos del país a no disponer de casi ningún lugar en el que alojar los que llegan para informar del desastre. Los marines norteamericanos desplazados a la zona en misión humanitarian limpian lo que hasta el pasado 26 de diciembre era una escuela. «Estamos quitando los escombros y explanando la zona. Mañana (por hoy) instalaremos aquí una gran tienda para que los niños puedan reanudar las clases. Vinimos para ayudar y evaluar las necesidades de la zona», explica un soldado de Indiana. Los niños que probablemente vuelvan a las aulas, les ayudan en ese trabajo de cooperación y quitan las piedras que van juntando las máquinas para luego tirarlas a una fosa. Más grupos de marines pasean por lo que queda de la ciudad. Un día de espera La ayuda internacional está muy concentrada en el área de Galle. Esa puede ser una de las razones por las que el equipo de rescate de los bomberos españoles (BUSH) desplazados al país no fue re-querido en esta zona, aunque su labor aquí pudo haber servido de mucho. Fueron de los primeros en llegar a Sri Lanka. Unas 24 horas después de la catástrofe. «Cuando aterrizamos -explican-, aún no había formada ninguna mesa de crisis. Nos tuvieron dos días en el aeropuerto sin saber a dónde mandarnos. Al final nos dijeron que debíamos ir a la zona de Tricomalle y Kinnia porque era una de las más necesitadas de ayuda». Su trabajo (son un grupo de intervención rápida que está en los lugares afectados cuatro o cinco días trabajando ininterrumpidamente y casi sin dormir) se transformó en el norte. Su labor fue asistencial y de logística. No hallaron allí a ningún superviviente. «Tal vez si nos hubieran mandado al sur de inmediato cuando llegamos, hubiéramos podido salvar más de una vida porque en estos casos las primeras horas son fundamentales», sentencian.

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