El sistema de radares en el océano cuesta lo mismo que construir tres kilómetros de autopista

Portugal exige colocar un sistema de alerta de tsunamis en el Atlántico

Prevenir a tiempo un maremoto en las costas gallegas es ahora imposible Los animales salvajes y l

Un perro merodea entre las ruinas de una playa tailandesa llena de turistas

Publicado por
Xosé Carreira - redacción
León

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Prevenir a tiempo de un maremoto en las poblaciones costeras del Atlántico, incluidas las de Galicia, es actualmente imposible. No existe un sistema de alerta precoz. La tragedia del sudeste asiático encendió en Portugal la luz de emergencia y el país ya empezó a movilizarse para reclamar la puesta en marcha del dispositivo de aviso, basado en la colocación de sensores en el océano que transmitirían información sobre la altura de las olas. Los portugueses ya reivindicaron el sistema en Bruselas. Francia, Grecia y Malta lo apoyan. Además de lo que ocurrió en Asia, hay un antecedente preocupante: el maremoto que destruyó Lisboa en 1755. Su origen estuvo en una falla situada en pleno Atlántico frente al territorio luso. El sistema que permitiría prevenir un tsunami con una antelación, más o menos grande (dependiendo de la distancia de colocación de los aparatos) no es extremadamente caro. Hace sólo unos días, en una mesa redonda que tuvo lugar en Lisboa, Miguel Miranda, un investigador del Centro de Geofísica de la Facultad de Ciencias de la Universidade de Lisboa, dijo que cuatro millones de euros serían suficientes. «Son sólo dos o tres kilómetros de autopista», expresó en el mismo acto otro geofísico. Los científicos portugueses explicaron que si esos «chivatos» estuviesen a sólo 150 ó 200 kilómetros de la costa podría saberse con más de media hora de antelación lo que iba ocurrir y no hay duda de que sería algo grave. No hay que olvidar que la costa portuguesa y la gallega tiene numerosas construcciones en los primeros metros de litoral. Oportunidad única Los científicos portugueses consideran que ésta es una oportunidad única para poner en marcha esta red de alerta en el Atlántico y también para investigar. «Tenemos todas las condiciones reunidas para ser el lugar de una catástrofe como la asiática». Así de categórico se mostró César Andrade, del departamento de Geología de la Facultade de Ciencias da Universidade de Lisboa. El mismo investigador dijo que, hasta ahora, sólo había relatos de personas que habían cogido sustos monumentales, motivo por el cual desconfiaban de la veracidad de lo que contaban. «Hoy es posible afirmar que lo que fue descrito en 1755 es rigurosamente cierto». El debate en Portugal comienza a ser ya tan profundo que algunos expertos aseguran que ya no basta con hablar de sustos o de posibles riesgos de una ola gigante. «Es preciso llevar los ejercicios de prevención a las escuelas. Intentar que los niños portu-gueses sean capaces de hacer lo que hacen los británicos o los japoneses: percibir y reconocer el peligro», dijo otro científico del país vecino. España aún no se ha pronunciado.

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