La oposición presiona para que Fischer dimita por el escándalo de los visados

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Beatriz Juez - corresponsal | berlín
León

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La oposición ha puesto contra las cuerdas al ministro de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer, por el escándalo suscitado en Alemania por la relajación de la política de visados aplicada a Europa del este, que ha facilitado, según denuncian, el tráfico de seres humanos, la criminalidad y la prostitución procedente de los países de la antigua Unión Soviética. En marzo del 2000, Fischer autorizó un decreto basado en el principio de «en caso de duda, libertad para viajar» que permitía a ciudadanos de Europa del este obtener fácilmente un visado de turista, simplemente presentando un seguro de viaje. La oposición denuncia que Fischer hizo oídos sordos a las advertencias del ministerio de Interior, de la policía y de las embajadas de otros Estados miembros de la Unión Europea en Ucrania sobre las consecuencias nefastas de esta nueva política de visados. Relajación de las normas El diputado Eckart von Klaeden (CDU) considera que la línea de defensa de Exteriores -el decreto no tiene nada que ver con la obtención con subterfugios de visados- «se derrite como mantequilla al sol». Con la relajación de las normas, las mafias de Europa oriental hicieron su agosto. Entre 1999 y 2001, el número de visados expedidos en la embajada alemana en Kiev se multiplicó por dos hasta alcanzar los 297.784. El objetivo de la oposición va más allá de esclarecer en la Comisión de investigación del Bundestag (Parlamento alemán) desde cuando Fischer conocía los hechos denunciados. Con sus maniobras políticas buscan torpedear la popularidad, inquebrantable hasta que saltó el escándalo de los visados, del líder del partido ecopacifista de Los Verdes. Fischer, que ocupa la cartera de Exteriores desde 1998, era considerado el político más popular de Alemania. Ahora ha pasado al segundo puesto por detrás del presidente de Baja Sajonia, Christian Wulff (CDU), según el último Barómetro Político de la cadena de televisión ZDF. La oposición está aumentando la presión contra Fischer con el ojo puesto en las elecciones que se celebrarán el próximo mes de mayo en el Estado federado (Land) de Renania del Norte-Westfalia. Estas elecciones regionales son consideradas claves para decidir el futuro político tanto de la líder conservadora, Angela Merkel,-muy cuestionada en su liderazgo y acosada por los barones del partido con ansias de poder- como del propio canciller alemán, Gerhard Schröder. En caso de que la campaña anti-Fischer no logre su objetivo en mayo, la oposición quiere hundir la reputación del ministro de cara a las elecciones generales que se celebrarán en Alemania en 2006

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