Liberado un preso tras 24 años al demostrar el ADN su inocencia
Las pruebas de ADN vuelven a poner en jaque a la justicia norteamericana. El último error salvado gracias al laboratorio tiene nombre propio: se llama Tom Willimas y se ha pasado más de 24 años en la cárcel por un crimen que no cometió. Con 16 años Willimas fue condenado a cadena perpetua por asalto y agresión sexual a su tutora de Matemáticas. Arrestado, condenado y juzgado en tan sólo tres meses, la fiscalía no aportó ninguna prueba física que lo relacionase con el delito. Pero la víctima afirmó en todo momento haber reconocido la cara y la voz de su agresor. Su palabra fue suficiente y el adolescente fue obligado a internarse de por vida en la Penitenciaria de Lousina. Durante muchos años Willimas asumió su injusticia hasta que un día comenzó a seguir el proceso de OJ Simpson por televisión. Por primera vez oyó hablar de las pruebas de ADN e inmediatamente después escribió a la organización Proyecto Inocencia, una ONG que desde hace décadas se encarga de remediar los errores judiciales por medio de muestras genéticas, y que ha excarcelado a más de 159 personas con este método. El camisón que llevaba la víctima la noche de agresión apareció en uno de los archivos del tribunal. Tras comparar las muestras de sangre de la prenda y la saliva del detenido el resultado fue concluyente, no eran la misma persona. El agresor fue otro. El día de su liberación Wiliams recibirá como única disculpa un cheque de 10 dólares de los funcionarios de prisiones.