El primer ministro italiano acusa ahora a la prensa de inventarse la retirada de tropas del país
La marcha atrás de Berlusconi en Irak «daña la credibilidad» de Italia
Il Cavaliere afronta también la crisis de la dimisión ayer del ministro de Reformas Las u

AHMAD MASOOD
A pesar de que le llueven las críticas tanto de dentro como de fuera del país, el jefe del Gobierno italiano, Silvio Berlusconi, intentó ayer cerrar el caso de sus declaraciones sobre la retirada de las tropas italianas de Irak con una acusación a los medios de comunicación: «No me corrijo en nada: ha sido un caso creado de la desinformación de una prensa que no tiene ninguna honestidad profesional». Y añadió: «He llamado al presidente americano y le he dicho: George todo está como antes», puntualizando que «este es un caso inventado, fruto de la desinformación». Además dijo que no tiene ninguna intención de acudir con este tema al Parlamento: «¿Qué tendría que contar en el Parlamento, una 'no noticia'?», bromeó. En Italia, los comentarios hacia Berlusconi son duros, y no sólo de la oposición, sino también de los analistas políticos que consideran que todo este asunto supone un duro golpe para la credibilidad internacional del país, pues la existencia de las imágenes de televisión con sus palabras son incuestionables. «La credibilidad es el bien más preciado de una nación», afirma Lucio Caracciolo en el editorial de ayer de La Repubblica , y añadió: «La serie de declaraciones, explicaciones y aclaraciones con las que Berluconi anunció a Italia y al mundo que desearíamos iniciar una retirada progresiva de Irak, no beneficia la credibilidad de la nación». Un país de «segunda» Tanto La Repubblica como El Corriere della Sera , dos de los principales diarios del país, destacaron en su primera página el frenazo de los aliados a Berlusconi: «Bush y Blair: stop a Berlusconi», tituló el primero, mientras el segundo decía: «Bush y Blair frenan a Berlusconi». Además este periódico habla de una Italia relegada a la «segunda división» en Europa como confirma que no haya sido invitada a París para el encuentro que hoy mantendrán el presidente francés, Jacques Chirac, el canciller alemán, Gerhard Schröder y el jefe del Gobierno español, José Luis Zapatero, con el presidente ruso, Vladimir Putin. Además, la oposición italiana está convencida de que el anuncio televisivo de la retirada de Irak es un movimiento político ante las elecciones regionales (en tres semanas) y las nacionales del 2006, y pide una aclaración en el Parlamento. «No se puede ni se debe jugar con la dignidad de nuestro país», comentó indignado Romano Prodi, líder del centro izquierda, mientras su aliado Francesco Rutelli manifestó que «es un récord mundial. La retirada de un anuncio de retirada en medio día». No es la primera vez que Ber-lusconi está en entredicho por sus palabras. Poco después de los atentados del 11-S, proclamó en Berlín la superioridad de Occidente sobre el islam, lo que provocó duras críticas de los países árabes. Durante la presidencia italiana de la Unión Europea en el 2003, protagonizó un incidente con Alemania al sugerir a un parlamentario germano que se presentara para el papel de guardia nazi en una película que se rodaba en esos momentos en Italia. Pero Berlusconi también tiene abierta otra crisis, ésta en su propio Gobierno. Ayer, dimitó el ministro de Reformas, de la Liga Norte (xenófobos), Roberto Calderoli, por el incumplimiento de los compromisos dentro de la coalición para reformar la Constitución. Todo parece indicar que el ministro de la Liga quiso llamar la atención del Gobierno para que sus parlamentarios participen activamente en las votaciones que deberán adoptar una Constitución de corte federalista. La reforma constitucional amplía los poderes de las regiones y faltan por ser examinados y votados al menos 12 artículos del proyecto. «Hay muchos saboteadores en la bancada gubernamental que ocupan puestos institucionales», dijo Calderoli, quien amenazó con provocar una crisis de Gobierno si la reforma no avanza.