Diario de León
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Europa Press | yakarta

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Tres meses después del trágico maremoto en Asia, los afectados intentan regresar a la normalidad mientras continúan con lentitud las labores de asistencia y reconstrucción. En Banda Aceh (Indonesia), centenares de supervivientes del tsunami recogieron sus escasas pertenencias y salieron hace unos días de un campamento de emergencia ubicado en la zona, donde 174.000 personas perdieron la vida en la catástrofe natural del 26 de diciembre. El maremoto de intensidad 9 en la escala de Richter, el mayor registrado en el mundo en 40 años, ocasionó una ola gigante que avanzó a alta velocidad a través del océano Índico y dejó un saldo de más de 174.000 muertos y 106.000 desaparecidos, afectando al litoral de la India, Indonesia, Sri Lanka, Tailandia, islas Maldivas, Malasia, Muanmar y Somalia. Más de 1,5 millones de personas quedaron sin hogar en once países en el desastre del 26 de diciembre, tras lo que se puso en marcha una ingente operación humanitaria internacional, que incluyó el despliegue de fuerzas de varios países, incluido España, cuyo contingente ya ha sido retirado, al igual que los de la mayoría de las naciones. Retrasos A pesar de los esfuerzos in-ternacionales, las autoridades de Sri Lanka aseguran que la reconstrucción de las zonas afectadas por el tsunami del pasado 26 de diciembre se está retrasando porque la ayuda llega de manera lenta y dispersa, y porque las agencias humanitarias están aún discutiendo los proyectos. «Si hubiéramos actuado como queríamos, probablemente ya habríamos completado los proyectos. Sin embargo, aún estamos en una fase en la que la reconstrucción de estructuras está por comenzar», dijo hace una semana el presidente de la task force creada por el Gobierno para la reconstrucción, Mano Tittawella, en declaraciones recogidas por la agencia misionera Misna. Según sus cálculos, la re-construcción de los edificios y viviendas destruidas llevará entre seis y nueve meses, pero la rehabilitación de las carreteras, ferrocarriles y canalizaciones de agua llevará entre uno y tres años. El tsunami mató a más de 30.000 personas en Sri Lanka -las víctimas fueron cerca de 300.000 en toda la región- y, según estimaciones de la Or-ganización Internacional de Migraciones, más de un millón de habitantes resultaron dam-nificados. Según la Organización Internacional del Trabajo, unas 400.000 personas perdieron sus empleos, sobre todo en la pesca y el turismo. Tres meses después, con sus ropas y artículos personales en las manos, más de 1.200 granjeros y campesinos de la aldea de Lampaya salieron de las carpas de emergencia para mudarse a un campamento militar, en tanto que otros regresaban a sus viviendas dañadas por la inundación. Esta reubicación marcó la transición gradual de las operaciones de emergencia a la fase de reconstrucción. «Me siento muy feliz de salir de aquí», dijo Mukhtar Zainal Abidin, que regresaba a su casa por la carretera principal. «Mis arrozales resultaron dañados y tengo que ver cómo los atiendo. Vivir aquí me enferma. No quiero depender sólo de donaciones», continuó. En la aldea de Lampaya, a las afueras de Banda Ache, la capital de la provincia indonesia de Ache, cientos de supervivientes empacaron lo que quedó de sus pertenencias y caminaron unos cientos de metros, hasta un complejo de barracas de madera, edificado por el Gobierno, desde el cual se ve la planicie, cubierta de escombros, donde estaban las viviendas de los desplazados. Cruz Roja Española prepara un amplio informe sobre los primeros cien días del tsunami, y ultima a nivel internacional los detalles de un plan de acción.

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