Diario de León

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«Elige qué hijo debe morir»

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Óscar Santamaría - corresponsal nueva york
León

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Como un goteo incesante, salieron ayer a la luz nuevas revelaciones sobre torturas a prisioneros en Irak y Afganistán, reforzando las tesis de los organismos de derechos humanos que niegan la versión oficial de que los abusos son casos aislados. Es uno de estos grupos, la influyente Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), el que está obligando al Pentágono, a golpe de querella, a difundir documentos hasta ahora clasificados en virtud de la Ley de Información y Transparencia. Así, el último informe, de 2.500 páginas, revela cómo soldados estadounidenses atemorizaron a detenidos y civiles en Irak simulando fusilamientos. En concreto, se cita el incidente protagonizado en junio del 2003 por un subteniente al que se identifica como Yancey, quien, según testigos, habría obligado a un niño a bajar de un camión, le habría puesto su arma cerca de la cabeza y apretado el gatillo al aire. Cuando fue interrogado por los investigadores del Ejército, Yancey dijo que había disparado a una jauría, pero los testigos señalaron que no había ningún perro en los alrededores. Dos días después, la unidad de Yancey se encontró con un hombre y sus hijos cuando sa-caban metales de una fábrica. Un sargento los detuvo y dijo al hombre que eligiera cuál de sus hijos debía morir. Después llevó a uno de los muchachos tras una tapia y disparó su arma, haciendo creer al padre que el joven había sido ejecutado. Según fuentes militares, Yancey fue castigado con un simple des-pido, pero no fue procesado por un tribunal marcial. El capitán Shawn Martin, simuló la ejecución de un hombre a quien obligó a cavar su propia tumba. También ayer, el diario The New York Times publicó un documento oficial de 2.000 páginas en el que se detallan las circunstancias en las que murieron dos detenidos en Afganistán. En el caso de Dilawar, un conductor de taxis que estaba en el lugar equivocado, fue enviado a la base militar de Bagram, donde murió después de pasar casi cuatro días colgado por las muñecas del techo de su celda, sin poder beber ni comer y siendo vejado por sus guardianes. Según el Times , el documento «describe a soldados jóvenes, con mala instrucción, involucrados en repetidos casos de abusos». Según algunos, una compañera se entretenía pisoteando el cuello y dando patadas en los genitales a los detenidos, muchos de ellos civiles sin cargos firmes en su contra, que debían además besar sus botas. El documento incluye testimonios de que ese trato era rutinario y que los guardias podían golpear con impunidad a los reo. Muchos de los autores de estos abusos fueron trasladados en julio del 2003 a la prisión iraquí de Abu Ghraib.

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