Diario de León

La rebeldía del no al euro

El desencanto con la moneda única y el temor a que se diluya la identidad nacional, algunas de las causas que alimentan el rechazo a la Constitución comunitaria Los cuatro miedos de los hol

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Sí o no. Ja o nee. Este es el dilema que se le plantea hoy a los 11,6 millones de holandeses que están llamados a la urnas para pronunciarse sobre la Constitución europea, un dilema que se traducirá, según los sondeos, en un rechazo al texto todavía más indolente del cosechado en Francia. Aunque el 85% del arco parlamentario respalda el nuevo tratado, la sociedad parece darles la espalda al dejarse seducir por la llamada rebeldía, el «no» a la Europa del euro, que enarbolan la derecha populista, la izquierda radical y los protestantes ortodoxos. Si los franceses rechazaron la Carta europea con casi el 55% de los sufragios, los holandeses podrían ser todavía más exagerados, ya que los dos sondeos conocidos ayer en el país auguraban que el voto del no se elevaría a entre el 59% y el 62%, lo que convertiría a Holanda en el segundo socio fundador de la UE que rechaza la Constitución, agravando de paso la crisis de confianza que atraviesa todo el proyecto comunitario. «No es el patrón de Europa» El primer ministro, Jan Peter Balkenende, dio instrucciones a casi todos sus ministros para participar en actos a favor del sí en los colegios o en la televisión, mientras la comisaria europea de Competencia, Neelie Kroes, intentaba tocar la fibra de sus compatriotas recordando en las páginas del diario Volkskrant que «Francia no es el patrón de la Unión Europea». Esta línea argumental es la que esgrimen a la desesperada los partidarios del texto constitucional, sabedores de que el electorado de los Países Bajos es celoso de su soberanía y capacidad de decisión. Pero está por ver si el mensaje calará. Tom Bom, de 29 años, regenta desde la ciudad de Haarlem un negocio de servicios sexuales en Internet, por supuesto completamente legal en su país. Cuando se le interroga por la Constitución y la UE, se sulfura y dice nee, porque teme que Holanda «pierda su independencia para decidir sus propias leyes». Tampoco se muestra contento con la moneda única: «Ya nos fastidiaron con el euro, y seguirán haciéndolo, porque los datos están a la vista, cada holandés paga 75 euros a la Unión Europea, mientras queun belga paga 40 y un español no hace más que recibir, y ya está bien». Con una renta per cápita de 22.000 euros, Holanda es el primer contribuyente neto a las arcas de la Unión, sin por ello ser el país más rico de la Comunidad. Esta aportación es considerada injusta o desmedida por la inmensa mayoría de la población, que igualmente se queja del alza de precios provocada, dicen, por la introducción del euro. La extrema derecha, capitaneada por el diputado Geert Wilders, amenazado de muerte por el islamismo radical, también blande el fantasma de la inmigración masiva que produce la ampliación europea como un arma electoral. Y considera que la Constitución es un paso más hacia un «superEstado europeo, plenipotenciario y burocratizado», que impedirá a La Haya tomar sus propias decisiones en asuntos como la inmigración. El escollo de Turquía Aunque estos llamamientos, lo mismo suman que pueden restar. Marc Kumplers, un broker de 39 años que trabaja para una empresa norteamericana, argumenta que siempre le rondó la cabeza votar no, porque «creo que Turquía no está preparada» para entrar en la UE. No obstante, al final a última hora cambió su de decisión: «Votaré sí», porque la ultraderecha está pidiendo lo contrario, y no estoy dispuesto a darle la razón».

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