Schröder pide formalmente al Parlamento un voto de confianza
El canciller alemán, Gerhard Schroeder, dio un paso más para la convocatoria de elecciones anticipadas con la petición del voto de confianza del Parlamento que desea perder para forzar los comicios, mientras crece la división en sus filas, plasmada ahora en el llamado impuesto a los ricos. El viceportavoz del Gobierno, Thomas Steg, confirmó ayer la tramitación de ese voto al presidente del Bundestag (cámara baja), Wolfgang Thierse, cámara ante la que Schroeder comparecerá el próximo viernes dispuesto a salir derrotado. Ni la fecha ni el propósito de «perder» la mayoría son una sorpresa, dado que Schroeder anunció su deseo de adelantar las legislativas tras perder el Partido Socialdemócrata (SPD) su bastión de Renania del Norte-Westfalia en los comicios regionales del 22 de mayo. Pero el canciller alemán sigue sin desvelar cómo se ganará el no de la cámara sin levantar sospechas. La Constitución establece que el voto no puede ser manipulado, sino que la disolución de la cámara debe responder a una pérdida real de la mayoría. De acuerdo con su plan, el miércoles informará a los miembros de su gobierno de su declaración, un día después lo hará ante las direcciones de su SPD y de su socio de gobierno, los Verdes. El resto de Alemania no debe conocer esos detalles, según Steg, hasta que el jefe del Gobierno hable ante el Bundestag. Descenso en los sondeos Se espera que el canciller cuente con la «complicidad» de sus ministros, que al parecer se abstendrán en la votación para dejarlo en minoría. Los Verdes, con quienes no contó al decidir el fin prematuro de la legislatura, ratificaron ayer, aunque no fueron ellos los «inventores» de ese plan, que no obstaculizarán los comicios. Al presidente alemán, Horst Koehler, corresponderá evaluar, hasta el 22 de julio, si procede a la disolución del Parlamento y la convocatoria de las legislativas, probablemente el 18 de septiembre. Tanto el gobierno como la oposición quieren su celebración, pero nadie desea arriesgarse a una demanda de inconstitucionalidad. Schroeder optó por ese camino casi en solitario. Entretanto, la división y el nerviosismo ante unos sondeos a la baja hacen mella en las filas pro gubernamentales.