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El Mekong abre su jungla al turismo
Muchos occidentales se ven atraídos por las imágenes que vieron en la película de Coppola «Apocalipsis Now»
Viajar por el río Mekong hasta el corazón de la jungla del Sudeste Asiático es ahora posible después de que fuera durante muchas décadas una región prohibida a causa de las restricciones para entrar en Laos y de la guerra civil en Camboya. El Mekong capturó hace años la imaginación de quienes vieron la popular película Apocalipsis Now , en la que Martin Sheen encarna a un militar estadounidense que a bordo de una patrullera realiza un infernal viaje por este río que serpenteaba en medio de una selva virgen convertida en campo de batalla. Esta película que Francis Ford Coppola filmó en Filipinas, y que dedicó a los horrores de la guerra en Vietnam, lleva a no pocos viajeros occidentales a querer recrear una parte del mítico viaje del principal personaje del filme, el audaz capitán Willard, aunque en muy diferentes circunstancias. A raíz de la apertura de la comunista Laos y de la transformación de las zonas del noroeste de Camboya en lugares de «interés turístico» tras el abandono de las armas del Jemer Rojo, los pasos de frontera por el Mekong están abiertos para los extranjeros, lo que permite viajar por el río hasta el sur de Laos desde Phnom Penh, la capital camboyana. También Tailandia, y aunque no lo ha anunciado oficialmente, ha reabierto varios pasos de frontera en pueblos situados a orilla del Mekong con el propósito de facilitar el movimiento de viajeros en la zona y crear así otro espacio al turismo en una de las áreas menos desarrolladas del país. La vida a orillas del Mekong ha cambiado desde que el intrépido francés Francois Garnier exploró este río entre 1886 y 1868 para averiguar si podía servir de arteria navegable al comercio y ser útil a los intereses coloniales de Francia en la región. El viaje por el Mekong comienza en Phnom Penh y finaliza seis horas después cuando tras divisar arrozales y pescadores echando sus redes al agua el transbordador amarra al atardecer en el embarcadero de la bucólica localidad de Kratie. La segunda etapa, de unas siete horas, concluye en Stung Treng, donde obligatoriamente el viajero debe detenerse para obtener la autorización que permite cruzar la frontera. El permiso se logra previo pago de cinco dólares al oficial de guardia o por tres veces más si la gestión la realiza uno de los muchos camboyanos que merodean por el puesto en busca de dinero fácil. Durante las últimas tres horas de trayecto hasta la frontera, cada vez más estrecho, y es entonces cuando en las orillas la densa vegetación aparece en todo su esplendor y las aves multicolores arrancan a volar nada mas oír el ruido del motor.